De China viene un barco...
EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
El anuncio fue escueto. Hablando ante la prensa, tras el primer día de su visita de Estado a China, el presidente Juan Manuel Santos destacó entre la firma de documentos bilaterales, la “disposición de iniciar un proceso para negociar un acuerdo de libre comercio” entre Bogotá y Pekín.
De tal manera, a partir de la fecha se crea un grupo de trabajo conjunto que explorará la viabilidad de tener un TLC con la nación más populosa del planeta.
La noticia cayó como un baldado de agua fría en diferentes sectores en Colombia.
Para los más alarmistas, el país está considerando darle acceso preferencial a un socio con el cual tiene un abultado saldo en rojo, que en el 2011 ascendió a 5.676 millones de dólares, con un salto del 85 por ciento frente al año precedente.
Bajo ese punto de vista, las compras a China -que representan el 15 por ciento del total de las importaciones- no harían más que aumentar, elevando no solo el desequilibrio actual, sino también golpeando a la producción nacional.
Dicho planteamiento tiene fundamentos.
Tal como lo pueden expresar los fabricantes de textiles, confecciones, calzado o electrodomésticos, la competencia del gigante oriental ha sido muy costosa en lo que va del siglo.
De hecho, decenas de empresas han cerrado sus puertas y miles de empleos se han perdido por cuenta del poderío exportador de la que se ha convertido en la segunda economía más grande del mundo. No solo la escala que tienen sus plantas, sino el manejo de la tasa de cambio del renmin-bi contra el dólar, le han permitido ganar mercados a una impresionante velocidad.
No obstante, en estos casos, vale la pena reaccionar con cabeza fría. Para comenzar, apenas se está dando un primer paso antes de poner en marcha un proceso que puede tomar mucho tiempo.
De tal manera, incluso si las discusiones marchan bien, el escenario de un TLC empezaría a vislumbrarse para mediados de la presente década.
Por otra parte, es indudable que Colombia tiene que dirigir más su mirada al otro lado del Pacífico. Si bien las exportaciones han evolucionado bien en los últimos años, todavía estamos muy rezagados en comparación con otros países de América Latina que han sido más agresivos a la hora de vender sus bienes en esa zona.
En contraste con el abultado déficit comercial que tenemos, Brasil, Chile, Perú o Costa Rica registran un importante superávit.
Parte de la explicación radica en una oferta mucho más variada que la colombiana, la cual está concentrada en petróleo, carbón y chatarra para la elaboración de cobre o acero.
Sin duda, en los otros casos también los minerales tienen un gran peso, aunque igualmente se venden granos, pescados, frutas o bienes forestales. En la medida en que la población china mejore su nivel de ingreso, es previsible que su demanda de alimentos suba, lo cual les abre grandes perspectivas a los sectores agrícolas.
De tal manera, el mensaje es que junto a los riesgos existen oportunidades. Por eso, lo que hay que procurar es que, si los análisis preliminares son favorables, la negociación se conduzca de la mejor manera posible.
En tal sentido, Colombia debe estar dispuesta a entregar ventajas, a cambio de recibir un trato preferencial en ciertas áreas.
Y si llegara a ocurrir un desacuerdo insalvable será necesario decir que no, tal como ha sucedido con Corea del Sur, que no cede en sus posiciones.
Pero tales escenarios no constituyen una buena razón para cerrar de un portazo la posibilidad de que exista un TLC con China.
La experiencia de Chile, Perú y Costa Rica, que tienen un acuerdo y ha permitido subir el intercambio, es positiva.
Otros, como México y Brasil, han decidido dejar las cosas como están. Sin embargo, eso ha ocurrido tras una etapa de análisis, la misma que Colombia apenas comienza.
Ponte al dia.