Un círculo vicioso

EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
Cualquier persona desprevenida podría pensar que la foto que ilustró ayer la primera página de innumerables diarios alrededor del mundo podría haber sido tomada meses atrás.
En la imagen se ve a un policía griego envuelto en llamas, mientras sus compañeros tratan de aplacar a una multitud enardecida que se queja contra decisiones adoptadas por el Gobierno.
Como es bien sabido, las instantáneas provienen del domingo pasado cuando las calles de Atenas volvieron a ser el escenario de otra batalla campal, que en este caso dejó 150 tiendas saqueadas y 34 edificios quemados, aparte de decenas de heridos y detenidos. Pero la verdad es que la escena se parece mucho a la de incontables huelgas generales que han paralizado a la nación mediterránea desde hace algo menos de dos años, cuando sonaron las alarmas en torno a una deuda pública que se volvió impagable.
Quizás por ese motivo, han regresado también las dudas sobre si esta vez el tema helénico va a quedar solucionado definitivamente.
En respuesta, los promotores del más reciente paquete de recortes insisten en que así será. Para demostrarlo se cita la voluntad de darle luz verde a una serie de medidas entre las que se destacan el recorte de entre 20 y 25 por ciento al salario mínimo, la reducción en 20 por ciento de las pensiones superiores a 1.000 euros mensuales y la eliminación de 150.000 empleos públicos, empezando con 15.000 puestos este año. En total, los ahorros ascenderían a 3.600 millones de euros durante el 2012.
A cambio, quedaría allanado el camino para que los inversionistas privados que tienen bonos griegos acepten condonar cerca de 100.000 millones de euros, mediante el cambio de los títulos que hoy poseen por unos de más plazo y menor rentabilidad.
Por su parte, la Unión Europea aceptaría la entrada en vigencia de otro programa de ayuda por 130.000 millones de euros y desembolsaría los primeros 14.500 millones el próximo 20 de marzo, para evitar que Atenas quede en situación de insolvencia.
Los objetivos generales de toda la estrategia son dos. En primer lugar, evitaría una situación de no pago de acreencias que podría ocasionar una avalancha en el Viejo Continente.
Dentro del escenario más pesimista, habría una oleada de desconfianza que arrastraría a Portugal, Italia y España, generando un problema mayúsculo, que incluso desembocaría en una nueva recesión global.
En segundo término, lo alcanzado el fin de semana garantiza que los griegos permanezcan dentro de la zona euro, que es el deseo de la mayoría de la población. La ciudadanía sabe que un retorno a la dracma como moneda, estaría acompañado de una inmensa devaluación y de un deterioro en el nivel de vida, probablemente más agudo que el que se anticipa actualmente.
Sin embargo, hay un tema que no deja de inquietar a muchos analistas. Este consiste en que los apretones sucesivos están asfixiando al paciente. Aunque no es la única causa, el hecho de que los indicadores de deuda sobre Producto Interno Bruto hayan resultado peores de lo que se pensaba, cuando se le hicieron las primeras peticiones de auxilio al Fondo Monetario Internacional y a los europeos, tiene que ver con que la economía de Grecia se ha contraído.
El desempleo al alza y la confianza en picada, tienen mucho que ver con una situación que cada día que pasa es peor.
Por tal motivo, es fundamental acabar con el círculo vicioso.
Al fin de cuentas, los sacrificios actuales sólo se justifican si dentro de un tiempo las reformas emprendidas permiten que la actividad económica griega vuelva a florecer. Pero ese desenlace no es seguro, sobre todo en un ambiente tan caldeado como el actual.
Debido a ello, aun si los cabos que quedan sueltos se pueden atar en las próximas semanas, la emergencia va a continuar, junto con las dudas sobre si sucesivos tratamientos de choque son los que se necesitan para salvar a un enfermo que se encuentra en estado crítico.
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