Un círculo virtuoso
EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
Un examen de esos que vale la pena es el que comienza mañana en Pereira con ocasión de la asamblea anual de la Asociación Nacional de Empresarios, Andi.
Y es que aparte de la revisión de las cifras de la industria y de las discusiones sobre el rumbo de la economía, el gremio ha decidido concentrar sus deliberaciones en un tema de primera importancia, como el auge de la clase media en Colombia.
La necesidad de reconocer a un grupo que –según diferentes mediciones– representa entre una tercera parte y la mitad de la población, es indiscutible.
Los más diversos estudios confirman que en lo que va del presente siglo dicho segmento se ha expandido en cerca del 50 por ciento, un fenómeno que también se encuentra en buena parte de América Latina.
Las razones detrás de esa evolución tienen que ver con tasas de desempleo a la baja, presencia de nuevas inversiones y el viento a favor que significó el alza en los precios de los productos básicos.
Que ahora existe un mayor poder adquisitivo es algo que se puede constatar en ciudades de todos los tamaños, ya sea por el auge de proyectos de vivienda o la aparición de más centros comerciales, para no hablar de la demanda de automóviles y motocicletas.
Sin desconocer que el foco de las políticas públicas debe ser la reducción de la pobreza y la indigencia, sería un error ignorar las aspiraciones de estos millones de colombianos que han visto mejorar su calidad de vida y que, a la vez, son más exigentes a la hora de recibir servicios del Estado y el sector privado.
Una mirada a las manifestaciones recientes que tuvieron lugar en Brasil demuestra que fue este grupo de ciudadanos el que dejó en claro su indignación por la falta de efectividad gubernamental en múltiples áreas.
Pero más que reaccionar con temor a la que en realidad es una gran noticia, lo importante para los empresarios es reconocer la presencia de la clase media. Al fin de cuentas, la mejora en la capacidad de consumo interna debería beneficiar especialmente a los productores nacionales de bienes y servicios.
Constatar las posibilidades que se abren no significa desconocer las complejidades de la coyuntura. Sin lugar a dudas, la economía enfrenta retos, debido al descenso en las cotizaciones de nuestros principales productos de exportación o la desaceleración internacional.
Por cuenta del enfriamiento, las expectativas del sector privado se han deteriorado, algo en lo que también influyen la temporada electoral y la incertidumbre en torno a las conversaciones de paz.
Tampoco hay que desconocer que el ramo manufacturero ha sentido con fuerza el embate de la competencia externa y de un peso sobrevaluado.
Diversos análisis muestran que el sector industrial está en recesión, así en las mediciones más recientes se empiecen a observar algunos retoños verdes que dependen, en buena parte, de la efectividad del plan de reactivación impulsado por el Gobierno.
No obstante, es indudable que la solución a los problemas no es dar marcha atrás y renegar de políticas como la apertura económica o la firma de tratados de libre comercio. De lo que se trata ahora es de romper los cuellos de botella que les impiden a los fabricantes nacionales competir en este y otros mercados.
Algunas de esas dificultades tardarán en solucionarse –como el descomunal atraso que existe en la infraestructura–, pero otras pueden llegar rápido, como aumentar la efectividad en la lucha contra el contrabando, para lo cual se requiere una mejor interlocución entre los sectores público y privado.
En la medida en que tales acciones sean exitosas, será posible fortalecer un círculo virtuoso que beneficie tanto a los productores locales como a la clase media.
De lo contrario, los logros conseguidos serán vulnerables y el país daría una inconveniente marcha atrás que hay que evitar a toda costa.
Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto
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