Colombia resiliente
Mientras las perspectivas de crecimiento de la economía global lucen sombrías, el país brilla por su reactivación en medio de la incertidumbre.
El diccionario de la Real Academia de la lengua española define la resiliencia como “la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos”.
Esta definición describe el comportamiento de la economía colombiana durante este difícil período de debilitamiento del crecimiento económico mundial. Mientras el panorama global luce sombrío e incierto, el país se destaca por ser de las pocas buenas noticias de la región latinoamericana.
Este jueves la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) se sumó a otras organizaciones internacionales en reducir las perspectivas mundiales de crecimiento. Para la OCDE la economía global solo crecerá un 2,9 por ciento este año y un 3 por ciento en 2020.
Estas proyecciones constituyen la tasa de crecimiento anual más baja en la década que ha transcurrido desde la crisis financiera de 2008. Estas perspectivas- que incluyen los países más ricos- no solo son más frágiles que las anunciadas en mayo pasado sino también reflejan una serie de tendencias alarmantes.
Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China están empujando al mundo a un declive generalizado del comercio y de la inversión. Sin una claridad en las reglas del intercambio y la permanente amenaza de la aplicación de aranceles, es muy difícil que las empresas tomen sus decisiones de producción y crecimiento.
El problema está en que a esa guerra comercial no se le ve un final en el horizonte cercano. Y se suman otros factores que también debilitan la economía global como el Brexit que impactaría a Reino Unido y la Unión Europea, la desaceleración de Alemania y la incertidumbre acerca del mercado del petróleo, a raíz de los ataques en Arabia Saudita. En conclusión, para la OCDE las perspectivas globales son “frágiles e inciertas”.
Dentro de ese entorno internacional tan complejo y negativo, la economía colombiana da positivas señales de crecimiento y reactivación. Mientras el año pasado el PIB creció 2,6 por ciento, en el segundo trimestre de este año la tasa alcanzó el 3 por ciento respecto al mismo período del 2018. Guarismos que se destacan dentro del comportamiento regional.
La fotografía del primer semestre del año de la economía muestra dinamismo en varios sectores como el comercio. Incluso registra un mejoramiento de la construcción, impulsado por las carreteras y las obras civiles.
Mientras la OCDE expresa preocupación porque el mundo está corriendo el grave riesgo de entrar a una extendida etapa de bajo crecimiento, Colombia es de las pocas economías que no se desacelera. No obstante, lo anterior no significa que estos peligrosos vientos contra el comercio global nunca vayan a impactar al país. La incertidumbre y el quiebre del libre comercio no son buenos augurios para ninguna economía.
Los efectos esperados de la ley de financiamiento así como el impulso del cierre financiero de los corredores viales son motivo de expectativas positivas en el frente de la inversión. Por esa razón la alerta que dispara la Andi sobre los efectos negativos de una eventual caída de la ley de financiamiento en la Corte Constitucional es más que oportuna.
Obviamente no todo es color de rosa y problemáticas estructurales alrededor del empleo, la equidad, las cuentas fiscales y la productividad están vivas y coleando.
En medio de más de año y medio de deterioro comercial, incertidumbre política y debilitamiento del crecimiento, Colombia ha demostrado su resiliencia y su capacidad de adaptación.
El reto, entonces, no solo está en seguir creciendo sino también en que ese dinamismo se traduzca en equidad.
Francisco Miranda Hamburger
framir@portafolio.co
@pachomiranda
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