El coloso del sur
EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
El dicho era conocido entre los economistas que trabajaban en América Latina: “Brasil es la economía del futuro… y siempre lo será”.
La afirmación tenía que ver, por supuesto, con las contradicciones propias de una nación que a pesar de ser la más extensa y populosa de la región, y de tener inmensas riquezas naturales, no podía encontrar la fórmula para salir adelante. Fenómenos como la hiperinflación o las grandes disparidades sociales servían para explicar por qué las cosas no le salían bien al gigante suramericano.
Pero la época de los chistes ha quedado atrás. Ahora todo indica que los brasileños han encontrado el ritmo, así el 2011 no pueda ser considerado como estelar.
Las proyecciones afirman que el crecimiento del Producto Interno Bruto habría sido inferior al 3 por ciento el año pasado, muy por debajo del 7,5 por ciento alcanzado en el 2010.
A pesar de esa desaceleración, es claro que Brasil está en otras ligas. En la última semana de diciembre, una entidad británica sostuvo que su economía ya superó a la del Reino Unido, con lo cual pasó a ocupar la sexta posición en el planeta. Por su parte, el ministro de Hacienda, Guido Mantega, sostuvo desde Brasilia que de seguir las cosas como van su país estaría sobrepasando a Francia antes del 2015 y que incluso Alemania –que está en el cuarto puesto en el mundo, por debajo de Estados Unidos, China y Japón– se encuentra en la mira.
Tanta confianza puede sonar exagerada en medio de la incertidumbre internacional. Pero la verdad es que, más allá de lo que suceda en los meses por venir, no suena descabellado afirmar que durante un largo tiempo el PIB de los países europeos va a avanzar a un paso más lento que el brasileño, cuyo monto fue de 2,1 billones de dólares en el 2010, según el Banco Mundial.
La razón de que eso sea así es que el surgimiento de Asia como la principal locomotora global ha beneficiado mucho a Brasil.
Tanto sus grandes yacimientos minerales como su poderío en la producción de alimentos han coincidido con el desmesurado apetito de China e India, entre otros, por diversos bienes básicos.
Una prueba de ello se conoció ayer, cuando las autoridades informaron que las exportaciones brasileñas llegaron a un nivel récord de 256.041 millones de dólares en el 2011, 26,8 por ciento más que en el periodo precedente.
Como resultado, el superávit comercial tuvo un incremento del 47,8 por ciento, rozando los 30.000 millones de dólares.
Al tiempo que el parte fue bueno en el frente externo, también es positivo en el social. De acuerdo con la presidenta Dilma Rousseff, hasta noviembre pasado se habían creado 2,3 millones de puestos de trabajo adicionales, con lo cual la tasa de desempleo disminuyó al 5,2 por ciento, el dato más bajo de la historia reciente. Los avances en ese campo deberían permitir que la pobreza siga descendiendo, algo notorio en una nación en donde la clase media ha crecido en más de 40 millones de personas en lo que va del siglo.
Lo anterior no quiere decir, desde luego, que no existan tareas pendientes. Los especialistas sostienen que el sistema tributario es absurdo, el atraso en infraestructura descomunal y las desigualdades son todavía muy grandes.
En materia política es difícil conseguir acuerdos y los escándalos de corrupción abundan. Para colmo, el real sigue sobrevaluado, lo cual ha golpeado mucho la competitividad del sector manufacturero.
No obstante, a pesar de todos esos temas es indudable que Brasil no sólo es una potencia de clase regional, sino mundial.
Esa realidad obliga a Colombia a persistir en una política de acercamiento que ha rendido sus frutos en materia diplomática y de inversiones, pero que necesita mejorar en lo que tiene que ver con el intercambio.
Así lo demuestra el abultado déficit que existe en la balanza comercial bilateral, una brecha que para cerrarse necesita hacer muchas tareas que siguen pendientes.
Ponte al dia.