Corregir el rumbo

EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
Un día como hoy, hace 475 años, el conquistador español Gonzalo Jiménez de Quesada montó un campamento cerca de donde actualmente está el Chorro de Quevedo. Casi cinco siglos después, esa pequeña villa, primero bautizada Santafé y hoy llamada Bogotá, no solo es la capital de Colombia, sino su centro administrativo, político, financiero y económico.
Según el Dane, la principal aglomeración del país se acerca a los 7,5 millones de habitantes y contribuye con poco más de la quinta parte del Producto Interno Bruto nacional. Gracias a ello, Bogotá es una de las metrópolis más destacadas de América Latina.
En las últimas décadas, la primacía de la ciudad ha aumentado en comparación con las demás regiones y capitales. Se ha convertido en un poderoso magneto que atrae tanto capital humano, inversiones y negocios, como desplazados escapando de la violencia, y compatriotas de escasos recursos en busca de oportunidades. Su economía es comparable e incluso es más grande, que la de pequeños países del hemisferio.
Paralelo al crecimiento económico, Bogotá experimentó en los últimos 20 años una serie de transformaciones urbanas y políticas. En cuanto a la primera, varias administraciones les apostaron a innovadoras políticas para abordar temas como movilidad, cultura ciudadana, reducción de homicidios, recolección de impuestos, seguridad alimentaria, entre otros. En materia política, la capital ha sido un laboratorio de experiencias de gobierno, donde independientes, antipolíticos y la izquierda han intentado fórmulas –unas exitosas y otras desastrosas– para resolver distintos y numerosos problemas.
Hoy, en su aniversario, el Distrito vive un momento complejo. Aunque mantiene con creces su supremacía en lo económico y demográfico, el pesimismo se ha tomado la ciudad. Distintas encuestas reflejan que los ciudadanos sienten que los asuntos de la urbe van por mal camino. El escándalo de corrupción que azotó el gobierno de Samuel Moreno aún es una herida abierta para muchos habitantes. Las esperanzas de que la llegada del alcalde Gustavo Petro generara un regreso a un rumbo compartido se han ahogado en medio de la polarización ideológica y la soberbia del burgomaestre. Como resultado, seis de cada diez bogotanos rechazan hoy la gestión de la alcaldía actual.
Tanta experimentación y apuestas políticas tan contradictorias en solo tres lustros parecen haber dejado a los bogotanos en una confusión palpable sobre qué modelo de ciudad seguir. Lo que hace pocos años era motivo de orgullo y copia en otras latitudes, como el sistema de transporte masivo o la cultura ciudadana, hoy divide a los capitalinos y los mantiene enfrascados en infructuosos debates. A los problemas del Palacio Liévano para transmitirles a los bogotanos su visión sobre los temas, se suma un preocupante cortocircuito entre el Distrito y buena parte del sector privado.
Analizadas las distintas áreas de la administración distrital de manera separada se observan avances en educación, salud y reducción de la pobreza que merecen destacarse. No obstante, la incapacidad de Petro de materializar su modelo urbano ha impedido que los capitalinos encuentren en el burgomaestre el líder inspirador para el momento que siguió al fin del abominable carrusel de la contratación.
Al mismo tiempo, la propia debilidad política de la administración desencadenó en un legítimo proceso de revocatoria que, contra todo pronóstico, avanza. De renunciar a los recursos a los que tiene derecho, el Alcalde podría esta misma semana aceptar que la ciudadanía asista a las urnas a validar su mandato o a sacarlo de su despacho.
La situación de Bogotá es paradójica. Sin perder la fuerza económica o demográfica, su norte para los 25 años que le quedan antes del quinto centenario se ve perdido. El pesimismo generalizado se traduce en desesperanza o rabia, mientras otras ciudades colombianas y de la región le apuestan a ideas innovadoras y construyen sus propios laboratorios. Corregir este rumbo colectivo, con propósitos de largo plazo, es clave para el futuro de la capital.
Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravila pinto
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