Las cosas como están
EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
La reunión de la junta directiva del Banco de la República planeada para hoy tiene divididos a los analistas.
De un lado, hay quienes consideran que el Emisor debería subir la tasa de interés que les cobra a los intermediarios financieros, la cual se encuentra en el 4,5 por ciento anual.
Para este grupo, existe el peligro de que la espiral inflacionaria aumente debido a la fortaleza de la demanda interna y a que las expectativas se han exacerbado por cuenta de la ola invernal.
El hecho de que ya se haya franqueado la barrera sicológica del 4 por ciento en el alza de la canasta familiar hace encender las alertas y exige una reacción de las autoridades.
En la otra esquina se encuentran quienes creen que, ante la incertidumbre que existe en el ámbito internacional, el palo no está para cucharas. Tanto la falta de liderazgo que existe en Europa para enfrentar el problema de la deuda como la profunda polarización política que hay en Estados Unidos y las señales de desaceleración que empiezan a verse en Asia, sugieren que lo mejor es quedarse quieto.
Aunque siempre existe la posibilidad de que las cargas se enderecen en el camino y los temores de los más pesimistas no se cumplan, la verdad es que las cosas no están claras.
De tal manera, si los vientos recesivos vuelven a soplar, el problema de los mayores precios pasaría a un segundo plano y en cambio habría que hacer uso de estímulos, por lo cual hacer subir los intereses sería ir en contravía y tendría resultados contraproducentes.
En líneas generales esas dos posturas han quedado en evidencia desde hace algunos meses. Puesto de otra manera, la unanimidad que en algunos momentos ha existido en las decisiones de la junta se ha perdido, así sea temporalmente.
Tal división seguramente continuará hoy, aunque no es claro que el bando que ha tenido la mayoría de los votos en el pasado reciente logre conservarla en esta oportunidad.
Ojalá ese sea el caso. El motivo es que el panorama es demasiado confuso para poder aplicar el tratamiento que en circunstancias normales sería aconsejable. Los nubarrones que se ciernen sobre el planeta son cada vez más oscuros, con lo cual no es descartable una importante caída en los flujos de comercio global, tal como pasó hace tres años.
Adicionalmente, algunas mediciones recientes muestran que a nivel interno el consumo de ciertos bienes como los vehículos empieza a moderarse y que el apetito por nuevos créditos tampoco es el mismo de antes.
Hechas tales advertencias, es indudable que el Banco de la República mira con buenos ojos la evolución reciente de la economía colombiana y sus perspectivas en el 2012. En su más reciente informe sobre la marcha de la inflación, la entidad reiteró que el crecimiento probablemente será cercano al 5,5 por ciento este año y al 5 por ciento el próximo.
Al mismo tiempo, la creencia es que la tasa de desempleo seguirá con tendencia a disminuir y que incluso en ciertos segmentos de trabajadores pueden presentarse fenómenos de escasez de mano de obra.
Tras esos pronósticos hay el supuesto implícito de que la magnitud del golpe externo será limitada.
Puesto de otra manera, aunque las cotizaciones de los productos básicos que vende Colombia bajarían, ello no tendría lugar en forma brusca. En cambio, ese descenso esperado disminuiría las presiones sobre los precios de algunos artículos importantes.
Esa es una de las razones por las cuales se mantiene la expectativa de que las alzas se puedan controlar y que, de hecho, en diciembre se corrijan en parte los reajustes vistos hasta ahora.
Finalmente, la mala hora de las acciones despeja las inquietudes sobre una posible inflación de activos. Si bien la vivienda ha subido, también hay la esperanza de que se estabilice. Tales elementos también deberían influir para que prime la postura de quienes aspiran a dejar las cosas como están.
Ponte al dia.