Cruce de dardos
El ambiente político está agitado por los roces entre Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe.
EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
Está agitado el ambiente político en Colombia por cuenta del cruce de dardos ocurrido el viernes entre Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe. Y es que a pesar de que ninguno mencionó en sus declaraciones el nombre del otro, en este caso se aplica plenamente aquel refrán que afirma que ‘a buen entendedor, pocas palabras’.
Incluso, si bien el mandatario actual sostuvo el sábado que considera bienvenidos todos los comentarios de su antecesor, hay elementos que llevan a pensar que la tensión es cierta y que los roces pueden seguir aumentando.
Hasta ahora la Casa de Nariño había sabido guardar silencio ante lo dicho por Uribe, quien por cuenta de Twitter responde ataques y lanza ofensivas con inusitada frecuencia.
Hasta ahora la Casa de Nariño había sabido guardar silencio ante lo dicho por Uribe, quien por cuenta de Twitter responde ataques y lanza ofensivas con inusitada frecuencia.
Su queja más reciente tuvo que ver con la decisión del Gobierno de extraditar al narcotraficante Walid Makled a Venezuela, pero lo cierto es que en centenares de trinos ha hecho comentarios sobre lo divino y lo humano, siempre con un máximo de 140 caracteres. Estos son seguidos por más de 370.000 personas, con lo cual se puede afirmar que difícilmente una opinión del ex mandatario sea ignorada.
Quizás esa sutil forma de presión fue la que llevó a Santos a decir que cuando deje el cargo no estará “molestando a los presidentes de turno”.
Quizás esa sutil forma de presión fue la que llevó a Santos a decir que cuando deje el cargo no estará “molestando a los presidentes de turno”.
La respuesta de su predecesor no demoró, cuando desde Chicago escribió que “a muchos nos duele la violencia, otros la aprovechan para su ascenso político”. Más explícito, todavía, fue el ex comisionado de paz, Luis Carlos Restrepo, quien en un acto en Bogotá sostuvo que hay que buscarle reemplazo al actual Jefe del Estado, cuando termine su periodo en el 2014, dejando en claro que las huestes uribistas no lo apoyarían si decide buscar la reelección.
Tales episodios generan muchos interrogantes hacia el futuro.
Tales episodios generan muchos interrogantes hacia el futuro.
El principal es el de un eventual resquebrajamiento de la coalición que acompaña al Ejecutivo desde el Congreso, lo cual le recortaría el margen que tiene a la hora de impulsar reformas. Si bien es poco probable que un rompimiento abierto tenga lugar antes de las elecciones regionales de octubre, la prueba de fuego de la solidez de la alianza tendrá lugar en los próximos días, cuando en el Capitolio se voten algunos proyectos clave como el de la ley de víctimas y tierras, que ha entrado en su recta final.
Pero más allá de esos cálculos, los observadores consideran un distanciamiento como inevitable. Eso llevaría a que en un tiempo Santos apresure su regreso al Partido Liberal, que absorbería también a Cambio Radical, mientras los conservadores hacen rancho aparte y la U trata de sobrevivir en manos de ex funcionarios de la administración pasada y legisladores cercanos a Uribe.
No obstante, es dudoso que las escaramuzas en ese terreno lleven al actual Presidente a controvertir públicamente a quien describe aún como su mentor. Si bien el primero se ha distanciado en ciertas áreas del segundo, la opinión aspira a ver continuidad en algunas políticas y confía en que se mantenga la armonía entre dos personajes que tienen un elevado nivel de popularidad.
Y ojalá ese sea el caso. Sin desconocer el carácter impulsivo de Uribe, así como su negativa a aceptar que no mueve tantos hilos del poder como antes, lo cierto es que las verdaderas peleas que deben dar los dirigentes están en otro lado. Más que una lucha de egos, lo que el país requiere es un frente unido de sus principales líderes para combatir la violencia, la pobreza y la desigualdad, al tiempo que se aprovecha el viento que sopla en favor del mayor crecimiento económico.
Pero más allá de esos cálculos, los observadores consideran un distanciamiento como inevitable. Eso llevaría a que en un tiempo Santos apresure su regreso al Partido Liberal, que absorbería también a Cambio Radical, mientras los conservadores hacen rancho aparte y la U trata de sobrevivir en manos de ex funcionarios de la administración pasada y legisladores cercanos a Uribe.
No obstante, es dudoso que las escaramuzas en ese terreno lleven al actual Presidente a controvertir públicamente a quien describe aún como su mentor. Si bien el primero se ha distanciado en ciertas áreas del segundo, la opinión aspira a ver continuidad en algunas políticas y confía en que se mantenga la armonía entre dos personajes que tienen un elevado nivel de popularidad.
Y ojalá ese sea el caso. Sin desconocer el carácter impulsivo de Uribe, así como su negativa a aceptar que no mueve tantos hilos del poder como antes, lo cierto es que las verdaderas peleas que deben dar los dirigentes están en otro lado. Más que una lucha de egos, lo que el país requiere es un frente unido de sus principales líderes para combatir la violencia, la pobreza y la desigualdad, al tiempo que se aprovecha el viento que sopla en favor del mayor crecimiento económico.
De lo contrario, el tiempo se puede perder en batallas estériles, mientras los verdaderos enemigos del progreso miran el espectáculo desde lejos y los problemas nacionales siguen sin encontrar la solución que la ciudadanía anhela.
Ponte al dia.