Más largo y culebrero

EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
 
Un viejo adagio atribuido a Winston Churchill sostiene que “los estadounidenses siempre harán lo correcto, después de haber agotado las demás opciones”.
Esa es la esperanza que tienen los inversionistas en las más diversas latitudes, después de haber visto la profunda descolgada que tuvieron los mercados en todos los rincones del globo.
Para sólo citar unos ejemplos, ayer la bolsa de Londres cayó 3,4 por ciento, mientras que la de Fráncfort lo hizo en 5 por ciento.
A su vez, el índice Dow Jones en Wall Street descendió 5,6 por ciento, mientras que cada una de las 500 acciones que conforman el indicador que hace Standard & Poor’s bajaron de precio, con una disminución promedio del 6,7 por ciento.
Y la debacle no termina ahí. En América Latina la sensación de pánico estuvo presente. En São Paulo la contracción fue de 8,8 por ciento, mientras que en Santiago llegó a 6,9 y en México a 5,9 por ciento.
Ante tales comportamientos Colombia se podría dar por bien servida, pues en la plaza nacional el descenso fue ‘apenas’ del 4,1 por ciento.
Aparte de ello, las monedas de la región cedieron terreno ante el dólar, que ayer cerró por encima de los 1.815 pesos, recuperando con creces el terreno perdido en el semestre.
Por cuenta de ese comportamiento, cada vez hay más personas que recuerdan lo ocurrido hace cerca de tres años, cuando la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers ocasionó una pérdida de confianza descomunal en el sistema financiero y llevó al planeta a su primera recesión en seis décadas.
Bajo esa perspectiva, la debacle es inminente y lo que hay que hacer es buscar refugios a como dé lugar, lo cual explica el repunte en el precio del oro, que ayer rompió un récord más y se ubicó por encima de los 1.715 dólares la onza.
No obstante, sin desconocer que la situación es grave, no es desesperada, al menos por ahora. Sin embargo, puede llegar a serlo si los líderes de los países más prósperos siguen sin tomar determinaciones que le transmitan al público que hay luz al final del túnel.
Así ocurre en el caso norteamericano.
Enfrascado en una pelea política con el Partido Republicano, Barack Obama tiene que convencer a sus contradictores de que el elevado déficit público de la economía más grande del mundo y su exagerado nivel de deuda, tienen que ser recortados con una combinación de mayores ingresos y menores gastos en ciertos programas.
Lograr ese balance suena fácil, pero ha probado ser imposible ante la polarización que impera actualmente. La esperanza es que las millonarias pérdidas sufridas empujen a los legisladores en el Capitolio a aceptar una fórmula razonable, porque de lo contrario puede venir un efecto dominó con muy malas consecuencias.
Así quedó en claro cuando después de la rebaja en la calificación que sufrieron los bonos del Tesoro estadounidenses, otras entidades vieron caer la nota de sus propios papeles.
Por lo tanto, hay que reaccionar con prontitud, lo cual implica que los congresistas den por terminado su receso de verano y vuelvan a trabajar a Washington. Ojalá eso suceda pronto y les sirva de ejemplo a los europeos, que también tienen mucho que ver con la situación actual.
De tal manera el fondo de rescate creado hace un año largo tiene que ser ampliado y deudores como Grecia deben recibir alivios efectivos en sus obligaciones.
Mientras eso ocurre, el mundo emergente seguirá a la expectativa de lo que pase. Por ahora, las naciones en desarrollo miran los toros desde la barrera, pero deben seguir atentas a las cotizaciones de los productos básicos y a los flujos del comercio. Si los poderosos hacen uso de la sensatez se podrá evitar la crisis. De lo contrario, habrá que sacar de vuelta la cartilla del 2008, con la seguridad de que esta vez el camino puede ser más largo. Y más culebrero.
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