Un debate necesario

EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
Una discusión que en principio le interesa solamente a los economistas, pero que en realidad le compete a todos los colombianos es la que ha planteado públicamente el Ministro de Hacienda, con referencia a la tasa de cambio.
En pocas palabras, el argumento del funcionario es que el Banco de la República tiene que ser mucho más activo que hasta ahora en el combate a la apreciación del peso, que en lo corrido del 2012 llega al 9,3 por ciento.
Si bien el debate ha tenido lugar desde hace algún tiempo en el seno de la junta directiva del Emisor, ahora existe la decisión de sacarlo a la luz pública. Esa actitud es bienvenida.
El motivo es que el tema es muy importante para discutirlo entre cuatro paredes y dejarlo en manos de unos pocos. En consecuencia, lo conveniente es examinar las posturas de quienes creen que las cosas están bien así y de los que piensan que hay que ser más proactivos con respecto al nivel de un agregado fundamental.
Aunque un debate similar tiene lugar en un buen número de países, en el caso de Colombia hay un elemento adicional. Independiente del año base que se tome, es fácil concluir que el peso es una de las monedas que más se ha apreciado en el mundo. Para ponerlo en términos prácticos, la tasa representativa del mercado vigente para hoy, de 1.763 pesos por dólar, es equivalente a la del 7 de julio de 1999.
Mucha agua ha pasado bajo los puentes desde esa época, pero es imposible sostener que en 12 años el costo de un gran número de bienes y servicios se ha mantenido constante. Sin desconocer las ganancias en productividad, resulta difícil pensar que estas han sido suficientes para compensar lo sucedido en el frente cambiario.
El asunto tiene, por supuesto, muchas más aristas, pero no se necesita ser un experto para concluir que a los bienes producidos localmente les queda mucho más difícil competir en los mercados extranjeros o frente a los artículos importados.
Nadie pretende recuperar el terreno perdido en más de una década, pero el mensaje es que es inconveniente que la situación actual se agudice y que la volatilidad vista desde hace unos años –en los que han tenido grandes oscilaciones– persista.
Para que eso ocurra es necesario un compromiso más expreso de las autoridades. Hasta hace no mucho, el mensaje es que la lucha contra la revaluación era muy difícil por cuenta del abultado déficit fiscal del Gobierno. Pero ahora que ese faltante ha disminuido en forma apreciable, el balón ha vuelto a la cancha del Banco de la República.
Este, a decir verdad, no ha sido indiferente al fenómeno, pues desde hace varios años adelanta un programa de compra de divisas que ha llevado el nivel de las reservas internacionales a máximos históricos.
Sin embargo, hay quienes piensan que el esfuerzo debería ser mayor e incluir la toma de medidas complementarias.
El ejemplo más usado es el de Perú, que ha sido particularmente exitoso al evitar el excesivo fortalecimiento de su moneda, el sol. Dentro de las políticas usadas está la adquisición masiva y sorpresiva de dólar, al igual que la elevación de encajes o el control a ciertas operaciones financieras que impactan el mercado cambiario.
En respuesta, no faltan los ortodoxos que insisten en que el mandato constitucional del Emisor es la inflación y nada más. Bajo esa postura, no se pueden tener dos objetivos a la vez –carestía y tasa de cambio– porque no son compatibles.
Dicha opinión no es compartida por el Fondo Monetario Internacional, que viene de publicar un documento sobre el tema en el cual aconseja la meta doble. Ojalá ese aporte sirva para ablandar a los más duros, quienes deberían recordar una cita del respetado economista Stanley Fischer: “el mundo se divide en dos grupos de países, los que logran mantener alta y estable la tasa de cambio y los demás; y los primeros crecen más".
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