Defenderse atacando
EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
Nadie sabe a ciencia cierta quién se inventó aquella conocida frase según la cual “la mejor defensa es el ataque”. Algunos se la atribuyen a un general de la antigüedad, mientras que otros la han inferido de los textos de Maquiavelo y Sun Tzu, para no hablar de los que la escucharon de Kalimán, el popular personaje de radionovela que fue creado hace medio siglo en América Latina.
Pero más allá del debate sobre su autoría, es indudable que la máxima es aplicada diariamente y no solo en el terreno militar, el mundo de los negocios o el campo deportivo. También Juan Manuel Santos ha decidido reeditarla en la arena política, como lo ha dejado en claro el tono de sus discursos de unos días para acá.
Y es que el mandatario, que en su momento ignoró estoicamente las críticas de sus adversarios, decidió pasar a la ofensiva. Así lo demostró hace unos diez días cuando, hablando sobre quienes cuestionan sus esfuerzos en favor de una salida negociada con las Farc, afirmó que “son unos pajarracos que se parecen a los buitres y están ahí al acecho, que viven de la muerte”.
Para que no quedara duda del nuevo tono, el viernes pasado en Barrancabermeja volvió a ser incisivo: “hay enemigos que quieren que la guerra continúe, enemigos que viven de la guerra, enemigos que quieren atarnos al pasado”, dijo.
Además, decidió ir más lejos cuando sostuvo que “en mi Gobierno ningún alto funcionario, ningún ministro ha sido siquiera señalado, no como esos gobiernos que terminaron la mitad en la cárcel”. Para completar, sostuvo que “es muy triste que cuando el país está en una situación tan positiva, (…) hay algunos que quieran aguar la fiesta. Y se van al exterior a hablar mal del país”.
Sin duda alguna, el destinatario de los dardos era Álvaro Uribe Vélez, quien acababa de estar en Londres dando una conferencia en la que puso en entredicho a la administración actual. Fiel a su talante, este no tardó mucho en responder en su cuenta de Twitter que Santos debería ser el único exintegrante de su gabinete “que debe ir a la cárcel por haber engañado al 90 por ciento de 9 millones de votos”.
No vale la pena entrar a debatir los méritos de aseveraciones que en nada dignifican a quienes las hacen. En consecuencia, lo que vale la pena destacar del episodio es la señal de que la campaña presidencial que se avecina va a estar signada por la descalificación que raya en el insulto. Más que debatir ideas, todo indica que los principales contendores van a usar palabras para cuestionar a sus adversarios, que no se escuchaban desde los aciagos tiempos previos a la violencia.
Tal impresión se podrá corroborar en tres semanas, cuando Santos debería expresar de manera formal que aspira a seguir en la Casa de Nariño. Para ese momento, el Presidente podrá mencionar a sus rivales con nombre propio, lo cual –si se mantiene el tono reciente– no hará más que elevar la temperatura de una campaña a la que le quedarán al menos seis largos meses por delante.
Pasar a la ofensiva tiene lógica desde el punto de vista de los estrategas que apoyan la reelección. Ante los números mediocres que exhibe el mandatario en los sondeos, la manera de vencer en las urnas es enviar mensajes negativos sobre sus oponentes y no solo tratar de mostrar los logros de su administración. Si a eso se le agrega que han subido las probabilidades de llegar a un acuerdo en La Habana, la decisión es la de utilizar la paz como factor de polarización.
Aunque dicha aproximación puede ser efectiva a la hora de conseguir votos, no deja de tener riesgos. El más grande de todos no está en cabeza de Santos. Es el de crear una espiral de acusaciones que, entre golpe y golpe, deslegitime a la clase dirigente como un todo y les abra la puerta a opciones de corte populista en el futuro. En eso consiste el verdadero peligro de defenderse atacando.
Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @rávilapinto
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