El dilema del Emisor
EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
La inmensa mayoría de los analistas pronostica que en su sesión de hoy el Banco de la República debería elevar de nuevo la tasa de interés que les cobra a los intermediarios financieros a la hora de darles liquidez en forma temporal.
Según las apuestas, el reajuste del Emisor debería ser de un cuarto de punto porcentual, un salto equivalente al que viene dándose desde hace varios meses cuando empezaron a apretarse las clavijas.
De confirmarse esos pronósticos, dicho indicador quedaría en 4,75 por ciento anual.
Los partidarios de tal escenario tienen argumentos de peso.
Para comenzar, la inflación ha tenido una ligera aceleración en las mediciones más recientes. En julio, sin ir más lejos, el acumulado de los últimos 12 meses ascendió al 3,42 por ciento, más de un punto por encima de lo registrado en igual periodo del 2010.
Al mismo tiempo, la economía colombiana mantiene un elevado ritmo. Los modelos econométricos de las propias autoridades sugieren que en el segundo trimestre del 2011 el Producto Interno Bruto creció, por lo menos, a una velocidad cercana al 5,1 por ciento, que fue la observada entre enero y marzo. Otras señales sugieren que el acelerador sigue a fondo, ante lo cual el Banco de la República ha revisado al alza sus proyecciones.
El Ministro de Hacienda, a su vez, habla de un 5,7 por ciento de incremento.
Las razones principales de esa dinámica son dos. De un lado, está la buena marcha de los mercados externos, como lo demuestra el auge de las exportaciones impulsadas por los hidrocarburos.
Tal como están las cosas, es muy probable que para finales del año Colombia supere los 50.000 millones de dólares en ventas externas, más de cuatro veces la cifra de comienzos del siglo.
Por otra parte, hay que mencionar la demanda interna que sigue vigorosa. En particular, el consumo de los hogares se ha convertido en el principal motor de la economía, lo cual se ha expresado en la compra de bienes durables y semidurables.
Puesto de otra manera, el buen momento que viven las ventas de vehículos o de viviendas tiene que ver con una importante oleada de confianza y con mejores niveles de empleo.
El apetito de los colombianos a la hora de adquirir más artículos se ha traducido en una mayor colocación de créditos. Como consecuencia de ello, la cartera neta de préstamos muestra un crecimiento del 24,3 por ciento con corte a finales de julio.
Si bien las operaciones en moneda extranjera han experimentado un salto del 98,8 por ciento, las hechas en pesos avanzan un respetable 21,1 por ciento.
Dentro de esta última categoría lo más llamativo es el aumento del ramo de consumo que llega al 26,4 por ciento, ante lo cual han empezado a encenderse algunas alarmas.
Aunque es cierto que las deudas malas pesan cada vez menos en los balances de los bancos, no faltan quienes creen que es mejor ser prudentes. Bajo dicho punto de vista, es bueno continuar aplicando los frenos para evitar sorpresas desagradables en el futuro.
No obstante, a pesar de que tales argumentos son válidos, los integrantes de la junta directiva del Emisor no pueden sustraerse a la realidad mundial. Cada día que pasa, los nubarrones que se acumulan en el frente externo son cada vez más oscuros y así no ocurra una recesión global, es indudable que Europa y Estados Unidos se enfrentan a una fuerte desaceleración que va a impactar los flujos de comercio y las cotizaciones de productos básicos como los que exporta Colombia.
Por tal motivo, lo más aconsejable sería hacer una pausa en la política de alza de intereses, por lo menos en los próximos 30 días.
En cambio, el Banco de la República debería tomar medidas -en coordinación con el Gobierno- para limitar los flujos de capitales y ponerle una camisa de fuerza al endeudamiento en divisas que está disparado. Eso es mucho más urgente que darle otra vuelta de tuerca a una estrategia que, si empeoran las cosas afuera, puede ser contraproducente.
Ponte al dia.