Mucho más que dos
EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
Son totalmente diferentes las noticias recientes sobre dos empresas públicas de telecomunicaciones, la ETB de Bogotá y UNE de Medellín.
De la primera se cuestiona su viabilidad y su posible pérdida de valor, a punto tal que esta semana se discute en el Concejo de la ciudad si se debe vender o no.
Por el contrario, de UNE se destaca que acaba de recibir la calificación AAA, la más alta categoría en grado de inversión.
Sin embargo, al analizar la situación de cada una se encuentra que ni la posición de ETB es tan complicada, ni la de UNE tan despejada como lo sugieren los titulares.
Más aún, son más las similitudes que las diferencias entre las dos, por lo menos en lo que se refiere a las oportunidades y amenazas que deben enfrentar para garantizar su supervivencia.
Para empezar, hay que recordar que a la ETB también le fue ratificada, hace apenas tres meses, la nota AAA que viene obteniendo desde hace varios años, sustentada en “el perfil conservador de la empresa, su generación de flujo de caja positivo y su posición de liderazgo en servicios de telefonía local y banda ancha en el mercado de Bogotá”, según el informe de la calificadora Fitch Ratings.
La estrategia de la ETB en los últimos años ha sido la de fortalecer su posición financiera, fondeando casi la totalidad de su pasivo pensional y limitando inversiones y contratación de deuda.
Como resultado, sus indicadores son mejores que los de UNE: su margen de ganancias (Ebitda) es del 44 por ciento frente al 28 por ciento de la compañía paisa, y las relaciones deuda/patrimonio son del 11 y 20 por ciento, respectivamente.
En contraste, la senda de UNE ha sido más agresiva en materia comercial y de inversiones, adquiriendo varios operadores de televisión por cable y la licencia de telefonía móvil de última generación, para ampliar su portafolio de servicios dentro de las tendencias de evolución del mercado.
Pero necesita recursos para desarrollarse en este campo.
Con fortalezas financieras o comerciales, las dos organizaciones enfrentan las mismas amenazas de un mercado en rápida transformación, fuertes competidores de mayor tamaño y músculo financiero, y la necesidad de cuantiosas inversiones en nuevas tecnologías.
Por eso, ambas van a perder valor si se quedan quietas y no reaccionan a tiempo, lo cual parece ser la postura de la actual administración del Distrito Capital. Pero ese sería un error garrafal; al ser patrimonios públicos, el Estado, que incluye al Gobierno Nacional y las alcaldías involucradas, debe encontrar estrategias en busca de una solución.
Hace unos años se exploró, sin éxito, la posibilidad de algún tipo de integración entre ETB y UNE.
Esta alternativa debe volver a plantearse como prioridad en la estrategia, dejando de lado los prejuicios regionalistas y sabiendo que hay varias escalas, desde alianzas estratégicas y proyectos conjuntos hasta la fusión total.
Una gran empresa pública de telecomunicaciones tendría el tamaño suficiente para competir con los dos grandes operadores que hoy tienden a dominar la escena, evitando así el riesgo de que se consolide un duopolio perjudicial para los usuarios y el desarrollo del mercado.
Además, si se llegara a la conclusión de que es indispensable la vinculación de un socio estratégico o la venta de ETB y UNE, el todo de las dos integradas valdría mucho más que la suma de las partes y se volvería más atractiva la inversión para un tercer operador que hoy no esté en el país.
Es decir, que la unión no sólo defendería el patrimonio público, sino que le agregaría valor.
Si la tendencia mundial en el sector de telecomunicaciones es esa, no hay razón alguna por la que los dirigentes de Bogotá y Medellín no vuelvan a darle una mirada al tema, a sabiendas de que cada día que pasa cuesta. Sería ideal, además, que la solución para Emcali en esta área también siguiera el mismo camino.
Ponte al dia.