El cambio es la cultura
La brecha de género se cierra tanto en oportunidades económicas como con transformaciones culturales hacia el trabajo y el hogar.
Este domingo se conmemora el Día Internacional de la Mujer de Naciones Unidas. Es una jornada global para reflexionar no solo sobre el estado de los derechos sociales, económicos y sexuales de la mitad de la humanidad sino sobre qué tan amplia es la brecha que separa a los géneros.
Esta brecha entre hombres y mujeres, entre niños y niñas, contempla una amplia gama de inequidades en los más variados frentes desde la representación política hasta el acceso a los servicios básicos del Estado pasando por el porcentaje de graduados en ciencias, matemáticas e ingeniería.
Igual de variadas han sido las fórmulas para tratar de alcanzar la paridad: leyes, cuotas, observatorios de seguimiento, políticas específicas de género y oficinas de nivel presidencial, entre otras.
No obstante, no hay que llamarse a engaño. La inequidad de género en Colombia y el mundo es una problemática de las potencialidades económicas de las sociedades. La inequidad económica contemporánea se alimenta de las brechas económicas entre hombres y mujeres.
De acuerdo al reporte de Equidad de Género del Foro Económico Mundial para 2020, a este ritmo el mundo alcanzaría la paridad en 100 años y América Latina y el Caribe en 59 años. Ese mismo informe –que mide política, economía, salud y educación– registra avances importantes para Colombia.
El país ocupa el puesto 22 entre 153 naciones y es el tercero en la región después Nicaragua y Costa Rica. En tan solo un año Colombia saltó 18 lugares en este ránquin global que recoge decisiones cruciales del presidente Iván Duque como el gabinete paritario entre hombres y mujeres. Para el empoderamiento político de las mujeres colombianas también son importantes el hecho de tener una vicepresidente en ejercicio, Marta Lucía Ramírez, y que tres de las economías más grandes del país –Bogotá, Valle del Cauca y Atlántico– sean gobernadas por mujeres.
En materia de participación y oportunidades económicas el panorama no es positivo. La cara del desempleo en Colombia es femenina y joven. La tasa de desocupación de las mujeres es varios puntos superior a la de los hombres. Además, la brecha salarial, esto es lo que ganan hombres y mujeres por un trabajo similar, es del 17 por ciento.
Esta brecha se reproduce en todos los niveles de las organizaciones. La encuesta de equidad de género de la Andi de 2019 revela que las mujeres integran solo el 25 por ciento de los miembros de juntas directivas. Un tercio de los presidentes y gerentes y un 46 por ciento de vicepresidentes y directivos de segundo nivel son mujeres. Asimismo el 70 por ciento de las empresas encuestadas cuentan con políticas de prevención de acoso laboral y el 64 por ciento, con una remuneración no basada en el género.
De acuerdo a cifras del Dane las mujeres dedican 25 horas, más del doble que sus pares masculinos, a actividades del hogar no remuneradas. Un informe reciente de Oxfam estimó en unos 10,8 billones de dólares el total global del trabajo no pago que las mujeres mayores de 15 años hacen en actividades domésticas y de cuidado de adultos y niños.
La lucha por la equidad comienza por casa. Y mucho más importante, por un cambio en la cultura. En años recientes la lucha por la equidad de género ha experimentado un fuerte impulso desde las transformaciones culturales. El movimiento #MeToo y otras manifestaciones en redes sociales y en las calles del mundo han cambiado drásticamente la tolerancia hacia el acoso sexual y el abuso contra las mujeres en la órbita laboral.
La inequidad económica de la mujer no se resuelve únicamente con leyes o cuotas. Se requiere un cambio educativo en los más jóvenes acerca de los derechos de las mujeres y su libertad para ejercerlos.
Ponte al dia.