El pacto es la equidad
La pandemia transformó el rol que Duque debe jugar: de promotor del crecimiento a protector frente al hundimiento de empleos y de empresas.
Conforme pasan los días en medio de la pandemia del coronavirus, quedan claros varios aspectos sobre la economía colombiana en este año.
El primero es que transitamos hacia una contracción no vista desde hace 20 años: el Fondo Monetario y otras entidades la estiman en 2,4 por ciento. El ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, alertó hace unos días que este segundo trimestre sería “el peor de nuestra historia”.
En segundo lugar, los impactos económicos de las medidas sanitarias y de aislamiento social ya están poniendo en riesgo ingresos, empleos y empresas. Esta semana Colombia cumple un mes en cuarentena y el Gobierno Nacional ya está anunciando una siguiente fase de confinamiento en la que se prenderán “inteligentemente” algunos sectores como la construcción. No obstante, los costos continuarán para muchos sectores y actividades.
Un tercer aspecto se relaciona con la forma cómo la crisis de la covid-19 ha exacerbado las previamente existentes desigualdades e inequidades que caracterizaban nuestra estructura económica y social.
La informalidad laboral, el déficit habitacional, la desigual distribución geográfica de los bienes y servicios esenciales, el inequitativo acceso a la conectividad digital, el privilegio del teletrabajo y del tele estudio para unas minorías, la disparada de la violencia intrafamiliar y la fragilidad de pequeñas y microempresas son solo algunos de los fenómenos masivos que reflejan la cara más brutal de nuestra desigualdad histórica.
Si bien hay mucha incertidumbre sobre la duración de la crisis, y por ende la magnitud del impacto total, muchos pronósticos muestran optimismo sobre una rápida recuperación en 2021. A pesar de lo anterior, los golpes que la pandemia ha infligido a la economía y a la sociedad en solo tres meses tanto en Colombia como en el mundo, han desatado múltiples reflexiones sobre los cambios que deberían adoptarse a partir de estos eventos históricos que todos estamos viviendo.
Una de estas reflexiones debería contemplar la dirección económica del actual gobierno. El presidente Iván Duque, desde su discurso de posesión, identificó la reactivación económica, es decir el regreso a una senda de mayor crecimiento del PIB, como su principal meta.
Ese dinamismo de la economía, vía incentivos tributarios a las empresas y otras políticas de emprendimiento, sostendría las inversiones gubernamentales del plan nacional de desarrollo, “Pacto por la Equidad”.
Los primeros 18 meses de la administración Duque tuvieron unos resultados más tangibles en materia de crecimiento. Colombia crecía mientras la región se estancaba jalada por la inversión y el consumo- que en equidad- el ritmo de la reducción de la pobreza se redujo y el desempleo subió.
La pandemia del coronavirus ha tirado por la borda planes, prioridades, metas y estimaciones que el Gobierno tenía para el resto del cuatrienio. Aún si la crisis acabara en poco tiempo, las decisiones sociales y económicas que hoy está tomando la Casa de Nariño marcarán su legado.
Esto implica que la lucha contra la covid-19 ha transformado el rol que el presidente Duque debe jugar: de promotor del crecimiento a protector frente al hundimiento. Es decir, el primer mandatario enfrenta el reto de retornar a su doctrina original: la del “Pacto por la Equidad”.
Lo anterior significa que, más que el PIB, la inversión y demás indicadores, la gestión económica del actual gobierno se medirá por indicadores sociales como el desempleo, la pobreza, la supervivencia de las empresas, en especial, las pequeñas y medianas.
Para lograr esto Duque debe garantizar que todo el esfuerzo de liquidez y de ayudas monetarias llegue efectivamente a quienes lo necesitan para evitar que se hundan más.
Francisco Miranda Hamburger
framir@portafolio.co
Twitter: @pachomiranda
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