Una elección que importa
Las probabilidades de Barack Obama al momento de repetir mandato son más grandes ahora, lo cual le concierne a Colombia.
EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
Tras la celebración de las convenciones republicana y demócrata en Estados Unidos, en las cuales Mitt Romney y Barack Obama quedaron oficialmente ungidos como los candidatos de sus respectivas colectividades, empieza ahora sí la recta final en la lucha por la que se ha denominado la oficina más poderosa del planeta. A lo largo de las próximas semanas, tanto el exgobernador de Massachusetts como el Presidente en ejercicio, intensificarán sus actividades de campaña con miras a las elecciones del próximo 6 de noviembre.
En juego están dos visiones radicalmente diferentes sobre el papel del Estado. Romney es amigo de un gobierno más pequeño y defiende los recortes de impuestos, así como los programas y regulaciones para darle un mayor espacio a la iniciativa privada. El actual inquilino de la Casa Blanca, por su parte, piensa que no todo se debe dejar en manos del mercado y que el Poder Ejecutivo debe intervenir para cerrar la brecha fiscal, promover estrategias con impacto social y combatir la desigualdad.
Según lo que dicen las encuestas, esta última postura es la preferida de la ciudadanía. Cinco sondeos hechos en los últimos días muestran que Obama ha aumentado su ventaja sobre su contendor a una diferencia que, en promedio, es de 3,6 puntos porcentuales: 49 contra 45,4 por ciento. El margen no es muy grande, pero si se hace la cuenta sobre los votos que cada contendor tendría en los colegios electorales de cada estado –que técnicamente son los que escogen al ganador–, el mandatario tiene en el bolsillo a 320 de 570 delegados.
Falta, por supuesto, mucho tiempo para la cita con las urnas. Pero las apuestas favorecen a Obama, a menos que ocurra un evento inesperado. El motivo de su mejoría tiene que ver con un discurso más conciliador, que cae mejor entre los votantes de centro.
Además, sus capacidades oratorias y las de conectarse con la gente del común contrastan con la imagen de Romney, un multimillonario que paga, en proporción, menos tributos que el ciudadano promedio y a quien con frecuencia se le ‘va la lengua’.
Dicho lo anterior, el uno ni el otro generan verdadero entusiasmo. La causa es que los problemas que enfrentará el triunfador son de una gran magnitud y ninguno parece tener la fuerza para doblegarlos. El Presidente ha tenido cuatro años para sacar su programa adelante y las calificaciones que recibe son mediocres. Su contendor dice tener la llave para arreglar las cargas, pero los vacíos en sus propuestas muestran que no necesariamente ese es el caso.
Bajo el escenario de que Obama repita mandato, la pregunta que se hacen los observadores es si las cosas van a cambiar en el Congreso. Como es sabido, el Senado se encuentra en manos demócratas, mientras que los republicanos tienen la mayoría en la Cámara de Representantes.
La división ha hecho muy difícil el trabajo legislativo, con lo cual ha sido imposible llegar a un consenso sobre asuntos urgentes, como la eventual reducción del déficit fiscal. En tal sentido, hay indicios que apuntan a un avance en el partido de gobierno, aunque quizás no sea suficiente para retomar el control de la cámara baja.
Cualquiera sea el desenlace, es indudable que Bogotá debe mantener los ojos bien puestos en lo que suceda. Si bien temas que estaban pendientes –como el Tratado de Libre Comercio– ya quedaron resueltos, tanto la evolución de la ayuda de lo que comenzó como el Plan Colombia o la actitud de Washington frente a la crisis económica mundial, nos tocan directamente. Eso para no hablar de la reacción norteamericana ante un eventual éxito en el proceso de paz con las Farc, que apenas iniciará su camino el mes que viene.
Y, si el ganador, como pintan las cosas hoy, resulta ser Barack Obama, habrá que hacer uso del camino recorrido en aspectos en los cuales Estados Unidos ha sido parte del problema, pero también puede volverse parte de la solución.
RICARDO ÁVILA PINTO
ricavi@portafolio.co
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