La emergencia es en serio

EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
La vida está llena de injusticias. Así lo acaban de comprobar en carne propia las autoridades españolas, por cuenta de la inmensa presión a la que ha sido sometido el país ibérico en los mercados de deuda.
A pesar de tener un déficit fiscal que tiende a disminuir, sobre todo después de los fuertes apretones impulsados por la administración que preside Mariano Rajoy, los inversionistas están huyendo en desbandada.
La foto actual de las finanzas públicas –vale la pena recordarlo– es muy diferente a la que en su momento se le tomó a Grecia, Portugal e Irlanda, cuyo faltante era mucho mayor.Pero eso poco importa a la hora del pánico.
Como consecuencia, la prima de riesgo de los bonos emitidos por Madrid superó ayer el 7,6 por ciento para los papeles a 10 años de plazo.
Dicha rentabilidad no solo está casi seis puntos porcentuales y medio por encima de la de los títulos alemanes, sino que hace insostenible cualquier esquema de refinanciación a esas tasas.
Por tal motivo, y así el ministro de Economía español, Luis de Guindos, lo niegue, todo apunta hacia un rescate.
Para ponerlo en pocas palabras, es preferible pedirle ayuda a Bruselas que seguir indefinidamente en una situación de desgaste, en la cual los sacrificios de la ciudadanía se van en el pago de intereses más altos.
Los temores en torno a eventuales condicionamientos –que en la práctica equivalen a una sesión de soberanía–, son los que explican el desplome de la Bolsa de Madrid, que volvió a los niveles que tenía en el 2003.
En apenas 12 meses, las acciones que cotizan en dicha plaza han disminuido en más de un 40 por ciento de su valor, lo cual se expresa en pérdidas inmensas.
Sin desconocer que más de uno empieza a ver oportunidades de compra, el talante es marcadamente pesimista y todo indica que faltan muchos meses antes de que el viento cambie de dirección.
Pero antes de entrar a evaluar lo que puede pasar, es bueno recordar que el profundo deterioro visto en los últimos días tiene una explicación principal: la situación de las comunidades autónomas, la cual se suma al incendio ya desatado en los bancos.
Son estas, más que el Gobierno Central, las que han manejado sus asuntos de forma irresponsable, ante lo cual han tenido que pedir ayuda, como lo hicieron Cataluña y Valencia, entre otras.
Debido a esto, la tijera en España no descansará, lo cual va a generar no pocas consecuencias políticas con el paso del tiempo.
En lugar de soltarle la cuerda a capitales que tienen mucho que ver con la debacle actual, es muy posible que Madrid empiece a recogerla.
Pasando a otro plano, la crisis ibérica pondrá a prueba, como ninguna otra, la solidez de las instituciones europeas. Sin desconocer que el desbarajuste en Grecia es mayor o que Portugal apenas sobreagua, el orden de magnitud de la emergencia española es mucho más grande, aparte del peligro de un contagio que llegue hasta Italia.
Debido a ello, lo ideal sería una respuesta rápida y contundente, que incluya no solo fondos frescos para España, sino intervenciones en el mercado por parte del Banco Central Europeo con el fin de limitar las prácticas especulativas.
Sin embargo, a la luz de la experiencia reciente lo más probable es que el humo blanco se demore, ante los temores de Alemania de ir más allá de lo que sus ciudadanos quieren.
Semejante escenario hace pensar en nuevos episodios de volatilidad a lo largo de las próximas semanas, los cuales pueden hacer que la presión para que los europeos pongan su casa en orden aumente.
Por ejemplo, Barack Obama, cuya reelección está en entredicho, debido al pobre comportamiento de la economía estadounidense, debería expresar su inconformidad.
Ojalá América Latina, que siente el efecto de las menores cotizaciones de las materias primas, haga lo propio, a ver si en Madrid, París, Berlín o Bruselas se escucha un llamado que no solo es justo, sino necesario.
Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
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