España, en la mira

EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
Mientras en América los ojos de la opinión están en Cartagena en donde avanza la cumbre hemisférica y se acerca la llegada del primero de 33 presidentes y primeros ministros que estarán en la Heroica el fin de semana, al otro lado del Atlántico las miradas se dirigen a España.
La razón no es otra que el creciente nerviosismo que despierta la economía ibérica, sumida en crisis y desesperanzas.
Ayer, sin ir más lejos, la Bolsa de Madrid volvió a experimentar una jornada negra al caer cerca de un 3 por ciento. Como consecuencia, dicha plaza descendió hasta los niveles que tenía en marzo de 2009, contagiando de paso a otras capitales financieras.
En la mayoría del planeta, se completaron varias jornadas de retroceso que reflejan la presencia de un mayor pesimismo.
El motivo primordial de la oleada bajista es el elevado déficit fiscal español. Como se recordará, en 2011 este finalizó por encima del equivalente del 8 por ciento del Producto Interno Bruto, una proporción muy superior a la meta oficial.
En respuesta, el nuevo gobierno de Mariano Rajoy adoptó un durísimo paquete de reformas y recortes, orientado a disminuir el abultado saldo en rojo.
El problema es que el Palacio de la Moncloa se está quedando con el pecado y sin el género. Para comenzar, los anuncios de austeridad han generado protestas multitudinarias que le han pasado la cuenta al Partido Popular en un par de elecciones regionales.
Al ciudadano promedio le han caído muy mal el cambio en la legislación laboral, el alza en los servicios públicos, y el cierre de entidades y programas.
Y como si eso no fuera suficiente, la respuesta de los mercados ha sido despiadada.
Ayer, la prima de riesgo de los bonos emitidos por el reino de España tuvo un salto importante, con lo cual el rendimiento de los títulos con vencimiento en el 2022 quedó en el 6 por ciento anual.
Aunque las comparaciones son odiosas, hay que recordar que en enero, Colombia vendió papeles a 30 años de plazo, cuya rentabilidad es inferior al 5 por ciento.
Lo ocurrido es un reflejo de la desconfianza que hay en la capacidad de Rajoy y su equipo de equilibrar de manera gradual las cuentas públicas.
En respuesta, el ministro de Hacienda sostuvo que hay un ataque combinado contra la Eurozona, como si lo sucedido fuera el resultado de una conspiración.
Y aunque siempre hay inversionistas pescando en río revuelto, todo indica que la causa de las turbulencias actuales es otra. Los observadores han destacado que en la Unión Europea hay poco ambiente para aumentar los recursos de los que dispone el fondo comunitario. Tras el desgastante salvamento de Grecia, son escasos los gobiernos del Viejo Continente que piensan en solidarizarse con sus vecinos. Eso es lo que ocurre con Alemania, cuya opinión mira con malos ojos mayores apoyos, o con Francia, inmersa en una intensa campaña presidencial.
Ante esa realidad, los más pesimistas sienten que Madrid tiene que salir adelante por si sola, algo que no es nada fácil cuando se tiene en cuenta que la economía se encuentra en recesión y el desempleo bordea el 23 por ciento. Además, la necesidad de apoyar el sistema financiero se vuelve un factor de presión adicional sobre los reducidos presupuestos.
Si a esos nubarrones se le agregan los datos provenientes de China que muestran un menor vigor en el gigante asiático, o los de Estados Unidos en donde la creación de empleos es escasa, no hay que sorprenderse de que el nerviosismo esté de regreso.
Debido a ello, las cotizaciones de los bienes primarios que tanto interesan a América Latina y Colombia han perdido dinámica recientemente.
Por eso será tan interesante escuchar lo que diga Rajoy, quien estará en Bogotá la próxima semana, y cuya visita tendrá lugar en circunstancias que, sin duda, podrían ser mucho mejores.
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