Europa se pone de acuerdo

EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
 
 
Por fin, después de semanas de darle vueltas al asunto, los líderes de la Unión Europea se pusieron de acuerdo en un nuevo plan de rescate para Grecia.
Tal como quedó claro ayer en Bruselas, los integrantes del bloque comunitario aprobaron un paquete valorado en 109.000 millones de euros, con el fin de darle la mano a la economía mediterránea, que se encuentra literalmente apabullada por el tamaño de sus obligaciones, que equivalen a más del 150 por ciento del Producto Interno Bruto anual de la nación helénica.
Aunque a primera vista se trata de mantener la receta formulada en mayo del año pasado, cuando Atenas recibió una primera transfusión, las cosas han cambiado.
En términos prácticos, el nuevo esquema implica una reducción en las deudas griegas, a través de la extensión de plazos que pueden llegar a ser de hasta 30 años y mecanismos de subsidio a las tasas de interés.
Además, hay que agregar la participación ‘voluntaria’ del sector privado, que tendrá que contribuir con unos 37.000 millones de euros para reemplazar los bonos que se vencen.
También habrá lugar para un programa de compra de papeles en el mercado secundario, con lo cual se pueden lograr descuentos adicionales. Ese es el motivo por el cual se dice que todo vale 159.000 millones de euros.
Como si lo anterior fuera poco, algunos de los puntos mencionados serán extensivos para Irlanda y Portugal, que en su momento se vieron obligados a pedir auxilio.
Así mismo, las autoridades del Viejo Continente podrán inyectarles fondos a los bancos comerciales que los pidan, lo que será analizado caso por caso.
Semejante conjunto de medidas debería servir para devolverles la tranquilidad a los mercados financieros.
A pesar de que los problemas están limitados al continente europeo, la verdad es que en el planeta actual existen vasos comunicantes que hacen imposible aislar las crisis. Dicho de otra manera, el derrumbe de una ficha del dominó habría creado una reacción en cadena difícil de contener.
De hecho, ante la perspectiva de una moratoria por parte de Grecia y el aumento en el nerviosismo con respecto a Italia y España, muchos veían cada vez más cercana la factibilidad de que se repitiera la debacle del 2008 cuando la quiebra de Lehman Brothers ocasionó la primera recesión internacional en más de seis décadas.
Incluso el futuro del euro, la moneda que comparten 17 integrantes de la Unión Europea, estaba bajo un gran signo de interrogación.
Ahora la realidad es un poco diferente, aunque no se puede decir que la emergencia se ha solucionado del todo.
Los próximos días serán definitivos, pues es necesario que vuelva la confianza en la capacidad de las principales economías de la zona para sostener una estantería que amenazaba con caerse muy pronto.
No obstante, es indudable que el paso dado es significativo. Por ejemplo, Alemania ha flexibilizado su postura, mientras que el Banco Central Europeo aceptó que la banca privada tiene que hacer un sacrificio, a pesar de que las principales agencias calificadoras de riesgo rechacen la que, en realidad, es una moratoria selectiva.
En conclusión, aun aceptando que la solución no es perfecta, el escenario que se abre permite algo más de optimismo que el que venía imperando. En el peor de los casos, compra tiempo y establece una distinción entre los países que se encuentran en dificultades.
En el mejor, da la posibilidad de que la combinación de planes de austeridad, recortes en obligaciones y estímulos para el sector productivo comience a rendir frutos y se empiece a ver la luz al final del túnel.
Semejante perspectiva es importante para Colombia, que no habría salido indemne del huracán financiero. Si bien hay que seguir monitoreando de cerca lo que suceda al otro lado del Atlántico, la noticia de ayer es buena porque evita, por lo menos por ahora, que los justos paguen por los pecadores.
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