A evitar la tentación

EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
 
Fue grande el júbilo en el Ministerio de Hacienda, cuando hace un par de días la Nación colocó en el mercado internacional una emisión de bonos de deuda externa por 2.000 millones de dólares, con la que consiguió varias marcas históricas. Quienes analizan este tipo de operaciones afirman con entusiasmo, que lo hecho muestra que el país se consolida cada vez más en el mercado de capitales global, justo cuando otros –como Grecia y Portugal– tienen dificultades a la hora de renovar sus acreencias.
Pero Colombia no parece tener tales dificultades. Para comenzar, el monto de la transacción no tiene precedentes, pues nunca se había llegado a una suma semejante en un solo tramo.
Además, la cantidad demandada llegó a 7.300 millones de dólares, lo que muestra el inmenso apetito de los inversionistas para un papel con un plazo de 10 años. Pero sin duda, lo más significativo fue el costo, ya que la tasa de interés fue de 4,425 por ciento anual, unos tres puntos porcentuales por debajo de lo que había sido usual en años previos. Eso, en términos prácticos, implica ahorros de unos 60 millones de dólares anuales, en comparación con lo que era tradicional.
Dentro de las causas de la sustancial disminución en el costo de los dineros obtenidos hay que reconocer factores externos e internos.
Es bueno tener claro, por ejemplo, que existe una gran liquidez en los mercados internacionales debido, entre otras, a la política del Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos de mantener los intereses bajos, con el fin de impulsar la recuperación económica.
Al mismo tiempo, el logro del ansiado grado de inversión, otorgado por las agencias calificadoras de riesgo en las semanas pasadas, se traduce en una menor rentabilidad esperada de los bonos colombianos, ante la mayor seguridad que ahora los acompaña.
La combinación de esas circunstancias tiene elementos muy positivos que deben ser aprovechados, siempre y cuando el clima siga siendo propicio para este tipo de operaciones. Según el Banco de la República, el monto de la deuda externa estatal llegó a 39.821 millones de dólares al cierre del primer trimestre del presente año.
En la medida en que tales obligaciones se puedan reemplazar por otras más baratas, habrá más espacio para recortar el déficit fiscal o para aumentar lo destinado a diversos programas.
Hecha esa consideración, es importante tener en cuenta que el tema tiene que ser manejado con guantes de seda. Por una parte, el país debe mantener corta la rienda de la deuda pública, pues tal como lo demuestra el caso de varias naciones mediterráneas es relativamente fácil que el caballo se desboque cuando llegan los momentos del mal desempeño económico.
En tal sentido, aunque tomar préstamos baratos es tentador, siempre es bueno recordar que tarde o temprano habrá que pagarlos.
Tal advertencia, por obvia que suene, también debe incluir al sector privado colombiano que ha decidido financiarse de manera creciente, usando las mismas condiciones propicias que ahora benefician al Ministerio de Hacienda. Sin embargo, no deja de ser inquietante que el saldo de los créditos de corto y largo plazo de las empresas y los particulares pasó de 17.337 a 28.036 millones de dólares, entre marzo del 2010 y del 2011, lo cual debería llevar a las autoridades a tomar cartas en el asunto con mayor firmeza que hasta ahora.
A la vez que eso ocurre, no se puede olvidar el impacto cambiario que tienen las acreencias contratadas en el exterior.
Aunque en el caso presente el Gobierno ha dejado en claro que no se monetizará un solo dólar, ya que lo recibido se destinará a los vencimientos de operaciones previas, el llamado a caer en excesos no está de más. Debido a ello, hay que mantener la prudencia en un tema en el cual es fácil dejarse llevar por la tentación en la que incurrieron otras sociedades y por la que hoy pagan una costosa cuenta.
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