Fallas en el sistema
Hoy en día, tres de cada cuatro colombianos habitan en ciudades, mientras que el 85 por ciento del producto nacional se genera en entornos urbanos.
EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
Una muestra tangible y permanente del dinamismo económico de los últimos años se evidencia en el crecimiento de la construcción y el comercio en las urbes intermedias.
Sin embargo, las consecuencias positivas de ese proceso de urbanización, como la mejora en la calidad de vida de millones de compatriotas, contrastan con otros efectos indeseados como los trancones y la falta de empleos formales. Reflexiones como esta se encuentran en ‘Sistema de ciudades’, un estudio de Planeación Nacional y el Banco Mundial lanzado la semana pasada.
Desde hace un año, el DNP viene desarrollando una misión de ciudades coordinada por la excanciller Carolina Barco. Este esfuerzo técnico no solo ratifica la creciente importancia de los asuntos urbanos en el desarrollo del país, sino también la necesidad de entender mejor sus limitaciones y retos. Uno de los desafíos más inmediatos es el de la conectividad. Para ser un territorio con más de 7 cabeceras, cada una con más de medio millón de habitantes, y otras 49 entre 100.000 y 500.000, las metrópolis colombianas no se hablan entre sí ni están conectadas. Los flujos económicos entre las principales capitales no son tan dinámicos en comparación con el comercio entre ellas y el extranjero. Tampoco se complementan las unas con las otras en materia de producción, la diversificación de sus economías es baja y, en algunos casos, hay urbes aisladas dentro del mismo país como Quibdó, Florencia y Riohacha.
A los desafíos productivos se suman externalidades como la congestión vehicular, que minan la calidad de vida en las grandes ciudades. Es justo reconocer que Planeación Nacional y el Ministerio de Transporte han desplegado en los últimos nueve años una política de modernización de la movilidad urbana. Los sistemas integrados tipo ‘Transmilenio’ y modelos estratégicos de transporte masivo en urbes más pequeñas están cambiando la cara de los buses y proveyendo al pasajero de un servicio más ordenado. No obstante, aún quedan obstáculos en la ejecución de estas iniciativas, así como nuevos problemas por resolver: el de los mototaxis y los altos costos de las obras.
Al ‘sistema de ciudades’ en Colombia lo aquejan otros males. Por ejemplo, el crecimiento demográfico se traduce en mayores necesidades de vivienda, servicios públicos básicos, empleos y otros equipamientos. Para satisfacerlas, en muchas urbes nacionales no hay suficiente espacio ni recursos. La disponibilidad del suelo, materia escasa en las metrópolis, no se puede dejar al vaivén del mercado y necesita regulaciones mucho más fuertes. Ciudades construidas a punta de asentamientos informales deterioran la calidad de vida de los habitantes, estimulan la ilegalidad y ahondan la inequidad y la desigualdad.
Por el lado de las finanzas municipales, existen múltiples retos. Los proyectos de infraestructura de movilidad, hábitat, educación, salud y seguridad que las cabeceras urbanas están demandando hoy no se podrán costear únicamente con dineros nacionales. Los alcaldes necesitan ser creativos en el fortalecimiento de los recursos locales y en la búsqueda de aliados privados, así como en el desarrollo de políticas que dinamicen sus economías locales.
Otro aspecto a debatir con urgencia son los aparatos institucionales para acometer estas tareas. Las aglomeraciones urbanas no terminan en los tradicionales límites municipales, sino que los desbordan para generar espacios vitales propios. La nueva ley de ordenamiento territorial y otras legislaciones dentro de la agenda del Gobierno Santos pueden ayudar a construir los mejores diseños metropolitanos y fiscales para que urbes y sus alrededores enfrenten estas falencias. En definitiva, el estudio de Planeación es un primer paso para mejorar las ‘fallas’ de un sistema, ya que las identifica plenamente.
RICARDO ÁVILA PINTO
ricavi@portafolio.co
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