La fiebre amarilla
La pérdida de la Línea de Crédito Flexible del FMI envía una señal negativa.
Sebastien Lecornu y Emmanuel Macron Foto: EFE
PERIODISTAActualizado:
Esta semana el oro superó los 4.000 dólares por onza, alcanzando un máximo histórico. A primera vista podría parecer una buena noticia para países como el nuestro, ricos en este recurso. Sin embargo, detrás de este repunte se esconde una realidad menos alentadora: una creciente búsqueda de activos refugio a medida que la incertidumbre global se intensifica. Tradicionalmente, el dólar cumplía ese papel, pero cuando la inestabilidad proviene de la propia economía estadounidense, los capitales buscan otros refugios. El oro se convierte así en el termómetro de un miedo que no deja de crecer.
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