Un gigante en problemas
EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
Los datos sobre el comportamiento de numerosas economías en el segundo trimestre del 2012 han comprobado los pronósticos de los expertos, en el sentido de que el crecimiento en el planeta se sigue desacelerando.
Tanto la recesión en Europa, como el mediocre ritmo de Estados Unidos y la ralentización de la locomotora china, se han combinado para que los precios de las materias primas tiendan a la baja y el comercio internacional registre incrementos modestos.
Si bien en todas partes ha tenido lugar un enfriamiento, cada país le pone la cara al temporal a su manera.
Por ejemplo, en América Latina naciones como Perú o Chile mantienen cifras positivas, mientras que Colombia confía en que el sector de la construcción lidere una reactivación que llevaría el alza en el Producto Interno Bruto (PIB) a niveles cercanos al 4,5 por ciento en el año.
Pero no a todos les está yendo bien en la región. El caso más impactante es el de Brasil, que ha experimentado un frenazo sorpresivo.
La semana pasada, las autoridades informaron que el gigante suramericano avanzó un 0,4 por ciento entre abril y junio, y que en los últimos 12 meses el agregado apenas llega al 1,2 por ciento. Tales cifras contrastan con el 7,5 por ciento del 2010 y el 2,7 por ciento del 2011.
Si bien el gobierno de Dilma Rousseff insiste en que para finales del 2012 tendrá lugar una reactivación y que la meta de crecimiento anual del 4,5 por ciento es factible, un panel convocado por el Banco Central redujo su pronóstico al 1,6 por ciento. Por cuenta de ese desempeño, la Cepal disminuyó su proyección para América Latina a 3,2 por ciento el año pasado, pues la producción brasileña representa algo más de una tercera parte del PIB regional.
Para colmo de males, si hace unos meses Brasilia había sacado pecho cuando se informó que la economía auriverde había llegado al sexto lugar en el mundo, al superar a la del Reino Unido, cálculos recientes sugieren que sigue en el séptimo lugar.
Según datos del Economist Intelligence Unit, los bienes y servicios generados por los brasileños, anualmente sumarían 2,39 billones de dólares, mientras que en el caso de los británicos el total ascendería a 2,41 billones.
Más allá de esas clasificaciones, las cosas no están fáciles para un país rico en territorio, habitantes y recursos naturales, pero también en problemas.
Y es que los especialistas sostienen que existen cuellos de botella que no han sido solucionados, como es el caso de una infraestructura inadecuada y un servicio civil ineficiente.
Las denuncias sobre la lentitud en el avance de las obras con miras al Mundial de Fútbol del 2014 son apenas un ejemplo de un sistema que no logra cumplir cronogramas ni presupuestos.
Adicionalmente, el ramo manufacturero ha perdido competitividad, mientras existe una dependencia cada vez mayor de la exportación de productos básicos.
Si bien la tasa de cambio tiene su cuota de responsabilidad en lo sucedido, también hay factores como el costo de la electricidad, uno de los más altos del mundo.
A pesar de medidas de corte francamente proteccionista, lo cierto es que cuando las cotizaciones internacionales de bienes como la soya o el mineral de hierro disminuyen, Brasil siente el coletazo en forma inmediata.
En respuesta, la administración de Rousseff ha tratado de reaccionar. No solo le ha abierto un mayor espacio al sector privado, invitándolo a participar en el desarrollo vial y portuario, sino que ha ensayado estímulos a la demanda interna.
Adicionalmente, el Banco Central recortó sus intereses que ahora se encuentran en 7,5 por ciento anual, cinco puntos por debajo del 2011.
Sin embargo, no es claro que tales estrategias tengan éxito por cuenta de un clima laboral complejo.
Esa es la razón por la cual quienes insistían en el milagro brasileño se han silenciado, mientras ven la marcha de un gigante que ha vuelto a caminar con paso de enano.
Ricardo Ávila Pinto
Ponte al dia.