Un grupo que crece
EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
Que el siglo XXI ha sido bueno para millones de latinoamericanos es algo que diversas mediciones han comprobado.
No solo la tasa de crecimiento promedio de la región ha subido, sino que el desempleo disminuyó a mínimos históricos –este año debería cerrar en 6,4 por ciento– y los índices de pobreza también muestran una marcada tendencia a la baja.
Al mismo tiempo que eso ha ocurrido, cada vez más gente experimenta en carne propia avances notables.
Así lo acaba de reportar el Banco Mundial en un completo trabajo dedicado a la movilidad social y el surgimiento de la clase media en América Latina.
Según el informe, entre el 2003 y el 2009, el número de personas en esta categoría pasó de 103 a 152 millones, lo que equivale al 30 por ciento de la población.
En el mismo periodo, la proporción de pobres se redujo del 44 al 30 por ciento, con lo cual se confirmó un progreso significativo, pues la distribución de la torta ha cambiado para bien.
Para decirlo de otra manera, hace diez años había dos veces y media más ciudadanos en el segundo grupo que en el primero, mientras que ahora la cantidad en uno y otro es equivalente.
Tradicionalmente, los académicos han tenido discrepancias sobre lo que se define como la clase media.
Entretanto, unos consideran el nivel de educación, la calidad del empleo desempeñado o la propiedad de activos para hacer el corte, los economistas se inclinan por el ingreso promedio.
En este caso se utilizaron elementos de ambas definiciones. Es decir, que, mientras las líneas de corte fueron ingresos por hogar entre 14.600 y 73.000 dólares anuales (esto es, entre 10 y 50 dólares diarios), también se incorporó el concepto de seguridad económica. Ello significa, la capacidad de ‘aguante’ del grupo para seguir en la misma categoría en épocas de ‘vacas flacas’.
Para quienes no son pobres ni de la clase media, hay otra clasificación: la de vulnerables, en la cual están quienes ganan entre 4 y 10 dólares diarios.
En este grupo está el 38 por ciento de los latinoamericanos, en tanto que los ricos representan solo el 2 por ciento del total.
Si bien quedan muchos elementos de vulnerabilidad en la distribución anotada, el mensaje dado por la entidad multilateral es alentador.
El primero es que la tendencia es positiva y existe una movilidad notoria, con lo cual cerca de cuatro de cada diez habitantes de la región han avanzado en las últimas décadas.
El segundo elemento es que el crecimiento económico ha sido clave para la mejoría observada, a la vez que la distribución del ingreso es un poco más igualitaria.
Sin embargo, todavía hay muchas tareas pendientes.
En las investigaciones queda claro que hay una gran correlación entre nivel de educación, calidad del empleo y residencia en zonas urbanas, con la pertenencia a la clase media.
Por lo tanto, la mejora en la calidad de la enseñanza y en los índices de formalidad son fundamentales para consolidar las ganancias registradas.
En medio de ese panorama, Colombia tuvo un comportamiento destacado.
En números absolutos, el país vio duplicar prácticamente el tamaño de su clase media hasta casi 14 millones de personas en el periodo analizado.
Ahora el desafío es preservar tales conquistas y tomar las medidas necesarias para que dicho grupo se expanda en el futuro cercano, a sabiendas de que ese es un componente fundamental en la ecuación para que haya más prosperidad y progreso.
Dicho mensaje necesita ser entendido, no solo por las eventuales implicaciones que podría tener la reforma tributaria, sino por la necesidad de que la movilidad continúe, ojalá al mismo ritmo que en épocas recientes.
Ricardo Ávila Pinto
Ponte al dia.