Los huevos de la canasta
EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
Puede no ser la verdad más agradable de escuchar, pero lo cierto es que la economía colombiana depende cada vez más del segmento de las materias primas.
Son estas las que tienen mucho que ver con las buenas tasas de crecimiento de los últimos años, con el auge de la inversión extranjera, con la abundancia de divisas, con la confianza y el repunte en la demanda interna o con el salto en las exportaciones, que en el 2011 habrían superado la marca de los 55.000 millones de dólares.
Por tal motivo, cuando se miran las perspectivas del país en el nuevo año, es obligación darle una mirada a lo que puede ocurrir con los productos básicos. En forma directa, las cotizaciones de algunos explican el desempeño de un país que anda bien, pero que sin duda tiene la fragilidad derivada de haber colocado pocos huevos en una misma canasta.
En términos concretos, hay que preocuparse sobre todo por lo que suceda con petróleo, carbón, café, oro y ferroníquel, que ocupan las primeras cinco posiciones en las estadísticas de nuestras ventas al exterior.
No todos tienen el mismo peso en las cifras agregadas o generan empleo en la misma proporción, pero su importancia es considerable, pues equivale a casi 8 de cada 10 dólares exportados, aparte del impacto que hay sobre los recaudos tributarios.
A la luz de esa situación, hay que considerar el escenario general de la economía global. La crisis de hace tres años dejó en claro que una coyuntura recesiva golpea los precios de las materias primas, con lo cual la eventualidad de una debacle financiera en Europa o una desaceleración de China, tienen que ser seguidas con atención.
El motivo es que si se apaga uno de los motores importantes del planeta, la velocidad disminuye.
La pregunta, entonces, tiene que ver con el frenazo esperado. Por ahora todo indica que aunque el ritmo va a ser más lento en Asia y que el Viejo Continente seguirá estancado, Estados Unidos va un poco mejor, con lo cual las cosas se deberían mantener como están.
En otras palabras, no se pronostican saltos inesperados en la demanda, aunque puede haber perturbaciones en otros frentes.
Un ejemplo de esa afirmación es lo que ocurra con el petróleo. Las más diversas proyecciones sostienen que el apetito mundial por el crudo va a aumentar ligeramente, con lo cual el precio del barril debería seguir en cercanías de los 100 dólares en el caso de la variedad WTI, que es la que le importa a Colombia.
Sin embargo, en caso de que la tensión con Irán suba debido a su programa nuclear y este decida bloquear -como ha dicho- el estrecho de Ormuz por donde sale la tercera parte de los hidrocarburos habría un salto significativo, así sea pasajero.
Variaciones en esta área llegarían a afectar al carbón, cuya tonelada debería oscilar entre 110 y 120 dólares. Aunque las fuentes de suministro no están en riesgo, cualquier lío petrolero llevará a que se consuma un poco más del mineral.
Por otro lado, la expectativa del café es que siga sostenido, pues la demanda mundial crecería cerca de 2 por ciento este año, sin que se esperen grandes excedentes de producción.
En el caso colombiano, quizás las principales incógnitas tienen que ver con el tamaño de la cosecha interna, golpeada duramente por el clima desde hace unos años.
El devenir del oro, que es uno de los principales refugios ante la incertidumbre, es motivo de intenso debate. Una vez más, si el clima político empeora o si la Eurozona entra en barrena, muy seguramente el metal amarillo se dispararía, pero en caso contrario seguiría en cercanía de los 1.600 dólares la onza.
Finalmente, el ferroníquel, que es un insumo para la producción de acero inoxidable, no las tiene todas consigo.
La baja de la actividad constructora en China ha impactado los precios del compuesto y hace pensar que este no será un año estelar para un producto que se consideraría afortunado si logra que le vaya como en el 2011. La diferencia es que la producción colombiana, que se resintió por el cierre temporal de Cerro Matoso, ahora está de vuelta.
Ponte al dia.