Ideas para el día después

Esta pandemia podría cambiar la narrativa de las ideas y las políticas sobre la red de protección social, el empleo y la vulnerabilidad.

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Muchas veces se ha dicho que problemas extraordinarios demandan soluciones extraordinarias.
La pandemia del coronavirus ha generado un choque global sin precedentes contra prácticamente todos los sectores de la economía y los aspectos de la vida social. Este impacto, que ya ha tumbado a muchos y mantiene a otros contra las cuerdas y a punto de caer en la lona, ha puesto en jaque principios ideológicos y recetas ortodoxas.
La disrupción en algunas industrias es total y en otras están en prueba los planes y las estrategias de adaptación. “En tiempos del coronavirus” se convirtió en la muletilla para abogar por radicales transformaciones o para capturar el espíritu del momento e impulsar reformas e ideas, muchas de ellas con apoyo intelectual pero poca factibilidad política.
Los tiempos de debacle económica han servido durante la historia para acelerar cambios de paradigma e incluso para enterrar teorías o marcos de conocimiento e imponer otros nuevos.
Ahora que el Fondo Monetario y la Cepal han alertado el tránsito a la peor recesión desde la Gran Depresión, es buen momento para revisar la turbulencia de los críticos años treinta y cuarenta del siglo pasado y las transformaciones que desencadenó en la teoría y en práctica económica.
Un ejemplo de esos cambios en la narrativa del papel de la economía en la sociedad en medio de recesiones lo encarna el presidente Franklin Delano Roosevelt, quien lideró Estados Unidos durante la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial.
En su famoso discurso de las “cuatro libertades” de enero de 1941, Roosevelt introdujo la “libertad de vivir sin penurias o sin miseria” como un objetivo no solo de política exterior de su país sino de cada nación para con sus ciudadanos.
La pandemia del coronavirus y la recesión económica global que ha desatado, podrían cambiar la narrativa global de las ideas y de las políticas públicas en áreas como la protección social, el desempleo y los programas contra la pobreza y la vulnerabilidad social.
Ya en Colombia se han empezado a discutir ideas, cuya pertinencia y necesidad han ganado fuerza a raíz de la crisis de la covid-19. La cuarentena obligatoria ha exacerbado muchas de las inequidades sociales, previamente existentes en nuestra sociedad, como la informalidad laboral.
Si bien el Gobierno Nacional ha escogido los programas de transferencias monetarias ya en operación para llegar a la población más necesitada, quedaron en evidencia los huecos de esa red- e incluso problemas de bases de datos para el nuevo programa de Ingreso Solidario para informales. Está hoy sobre la mesa el debate de un llamado ingreso mínimo vital que reciban todos los colombianos pobres y de cómo costearlo con ingresos fiscales reducidos.
Anif, por ejemplo, ha propuesto una renta básica semiuniversal de 450 mil pesos para 17,9 millones de ciudadanos por una sola vez con un costo de 8 billones de pesos, alrededor del 0,9 por ciento del PIB.
Ante la pérdida masiva de puestos de trabajo que ya se está pronosticando por el coronavirus, también se habla de cómo establecer un seguro de desempleo ante la fragilidad de la mayoría de trabajadores.
Gremios como Acopi y Fenalco están proponiendo fórmulas para proteger empresas y empleos. La primera sugiere poder bajar los salarios un 30 por ciento, siempre que no sea menos del mínimo, y la segunda que las nóminas se paguen entre empresarios, Gobierno y empleados.
Es prematuro prever si estas ideas en boga en mitad de la crisis seguirán fuertes para el aún incierto día después de la pandemia. De ser así, la red de protección social en Colombia se transformaría y robustecería mucho.

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