Lagarde llega al Fondo
EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
Fueron pocos quienes realmente se sintieron sorprendidos ayer con el anuncio, según el cual Christine Lagarde fue designada por consenso como directora gerente del Fondo Monetario Internacional, a partir del próximo 5 de julio.
Encargada de reemplazar a Dominique Strauss-Kahn, su compatriota caído en desgracia por una acusación de índole sexual, la actual ministra de Finanzas de Francia venía precedida de una impecable hoja de vida, tras una carrera relativamente corta en el servicio público.
Ese hecho, sumado al máximo apoyo de las naciones industrializadas que controlan la mayoría del poder de voto de la institución, le permitió triunfar sin discusión tras una breve campaña.
Dicho lo anterior, la nueva cabeza de la entidad multilateral que reúne a 187 países, se sale del molde tradicional, pues no sólo es la primera mujer en ocupar el cargo, sino que además es abogada y no economista.
En contraste, su contendor, el mexicano Agustín Carstens, tenía las credenciales técnicas de rigor, aparte de haber sido funcionario del FMI a mediados de la década pasada.
Además, su aspiración venía con el mensaje de que ya va siendo hora de que los criterios que han imperado en el planeta empiecen a cambiar a la luz del surgimiento del mundo en desarrollo.
No obstante, aparte de que el Viejo Continente no quería perder una cuota de poder que ha ocupado desde 1944, cuando fue creado el Fondo, en este caso tuvo un peso enorme el hecho de que la crisis actual se concentra en Europa. En tal sentido, alguien que ha tenido que involucrarse personalmente en problemas como los de Grecia, Portugal e Irlanda, tiene un buen bagaje para entender los pormenores de casos que son complejos y mantener la consistencia en las recetas adoptadas hasta la fecha.
Eso explica su postura de que no será complaciente con quienes se aparten de los compromisos adquiridos, un mensaje que fue recibido en Atenas, en donde el parlamento debe votar hoy un nuevo paquete de ajuste en el gasto.
Pero Lagarde no sólo tiene el encargo de evitar que los actuales incendios se propaguen a otras latitudes.
Tal como lo quiso su antecesor, el principal desafío es conseguir que la arquitectura financiera global evolucione tanto para reconocer las nuevas realidades del planeta como para evitar que una debacle como la que estalló hace casi tres años se vuelva a presentar.
Ello quiere decir que los mecanismos de supervisión actuales tienen que mejorar, al igual que la capacidad técnica de los entes de regulación, que deben ser capaces de entender instrumentos de inversión que evolucionan en forma permanente.
Al mismo tiempo que eso ocurre, la nueva directora tendrá el desafío de recomponer por dentro un organismo en donde la moral está en un punto muy bajo. En tal sentido, deberá ser muy cuidadosa con sus nombramientos, pues al mismo tiempo que logra un balance regional se ve obligada a atraer el mejor talento disponible.
Sólo así podrá recuperar la reputación del FMI, cuya credibilidad es indispensable a la hora de convencer a diferentes gobiernos de tomar medidas que en muchos casos son difíciles e impopulares.
Sin embargo, más allá del éxito que tenga en su gestión, lo más probable es que la todavía ministra tenga como sucesor a alguien venido de otro continente.
Es posible que, tal como ocurre en las Naciones Unidas, tanto el Fondo Monetario como el Banco Mundial adopten un sistema en el cual exista una especie de rotación geográfica para reconocer que las cosas han cambiado y que los ejes de poder se han desplazado hacia Asia, África e, incluso, América Latina.
Por tal motivo, el desafío de Lagarde no consiste sólo en hacerle frente a las crisis y tener la casa en orden, sino en abonar el terreno para una transición que aparte de justa y necesaria, acabará siendo inevitable.
Ponte al dia.