A mantener el ritmo
EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
Las caras de satisfacción mostradas ayer por los integrantes del equipo gubernamental estaban plenamente justificadas. Y es que después de escuchar previsiones cada vez menos entusiastas sobre la evolución del Producto Interno Bruto en el primer trimestre del 2011, los cálculos del Dane demostraron que el pesimismo no tenía razón de ser.
Como es bien conocido, la entidad estatal informó que el crecimiento de la economía llegó a 5,1 por ciento entre enero y marzo, un dato muy superior a los estimativos de los analistas y del propio Banco de la República.
Las razones de la sorpresa fueron varias. Desde el punto de vista de la demanda, el consumo de los hogares tuvo un salto de 6,4 por ciento, que es una cifra bien elevada.
Aparte de ello, la inversión aceleró su marcha, al igual que las exportaciones, gracias a un entorno favorable para el tipo de bienes que vende Colombia.
Desde el lado de la oferta, la minería mantuvo su auge, pero fue la agricultura la que se llevó las palmas, a pesar de la presencia de la fuerte ola invernal que inhabilitó a decenas de miles de hectáreas.
Al mismo tiempo, comercio, transporte, industria y sector financiero registraron avances notables.
Incluso la construcción, que experimentó una contracción del 4,5 por ciento, mostró algunas luces interesantes. La más destacable es la mejora en las edificaciones, que volvieron al terreno positivo y cuya marcha debería ser mucho más firme en lo que queda del año, a juzgar por el fuerte incremento en el área licenciada para nuevos proyectos.
A su vez, el deterioro del capítulo de obras civiles sería temporal, pues los trabajos de reconstrucción de las zonas afectadas por las lluvias han empezado a acelerarse.
Ayer, el propio Juan Manuel Santos sostuvo que 4,3 billones de pesos de los casi 6 billones apropiados ya se encuentran comprometidos.
Eventos como ese hacen ver con cierta tranquilidad el desempeño de la economía a lo largo de los meses actuales. Sin embargo, las autoridades no pueden ignorar señales que no dejan de ser inquietantes.
La primera de ellas es la confianza.
Tanto las encuestas hechas entre industriales y comerciantes, como entre los consumidores, revelan que una porción mayoritaria de los colombianos cree que las cosas en el país van por mal camino. Si bien esa impresión no parece haber contagiado las decisiones de inversión o la voluntad de comprar todo tipo de bienes, eso de ver el vaso medio vacío es un campanazo de alerta.
Un segundo elemento que merece tenerse en cuenta es la marcha de la industria.
Los preocupantes resultados de abril muestran que el ramo manufacturero anda con lentitud y aunque ese puede ser el bache de un mes en particular, hay evidencias de que la apreciación del peso está golpeando a los productores nacionales con singular dureza.
Un tercer tema es el escenario internacional. Las nubes de tormenta ocasionadas por la crisis de Grecia y la incapacidad de Estados Unidos a la hora de poner en cintura sus cuentas fiscales y generar más empleo, pueden traducirse en menores precios de las materias primas que de manera creciente exporta el país. Aunque indeseable, un empeoramiento de las condiciones financieras en Europa es posible.
Basta recordar cómo fue la situación hace tres años, cuando la quiebra de Lehman Brothers se sintió como un frenazo en seco en todos los confines del planeta.
Tales circunstancias obligan a celebrar con moderación después de conocido el informe de ayer. Sin lugar a dudas lo sucedido es bueno en la medida en que el país comenzó el año con el pie derecho, pero hay que prestarle atención a diferentes sonidos de alarma.
En particular, hay que asegurarse de que el gasto público asuma su puesto en la carrera de relevos de la demanda y lleguen nuevas medidas para contener la revaluación, que sigue siendo el dolor de cabeza más grande a la hora de mantener el ritmo.
Ponte al dia.