Mientras el mundo frena
EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
A lo largo de las semanas pasadas las noticias que vienen de diferentes latitudes revelan un panorama de desaceleración en la actividad productiva. Este no sólo comprueba que la compleja situación en Europa y Estados Unidos ya empezó a pasarle la cuenta de cobro a la economía global, sino que existen serios interrogantes sobre lo que puede pasar en los próximos meses.
Las cifras son elocuentes.
En febrero pasado, por ejemplo, el sector manufacturero en la zona euro crecía a un ritmo del 7,8 por ciento anual, mientras que en septiembre esa velocidad bajó hasta el 2,2 por ciento.
A su vez la producción estadounidense registró guarismos del 5,2 y 3,2 por ciento, respectivamente.
Pero quizás lo más sorprendente es que en las naciones emergentes sucedió algo parecido.
Así, en el lapso referido, Brasil pasó del 7,5 al -1,6 por ciento; Rusia del 5,8 al 3,9 por ciento; India del 6,7 al 1,9 por ciento; y México del 5 al 3,6 por ciento. Incluso la potente locomotora china disminuyó del 14,9 al 13,8 por ciento.
A la luz de tales resultados, es fácil entender por qué el 2012 se ve con mayor pesimismo que antes.
Incluso si no tiene lugar la debacle anunciada en el Viejo Continente y el bloque comunitario logra encontrar la fórmula para detener el contagio de la epidemia que comenzó en Grecia, todo apunta a un frenazo. Es cierto que este no será de la misma magnitud en todas partes, pero sin duda se sentirá en los más diversos confines del globo, así como sucedió hace tres años por cuenta de circunstancias que guardan cierta similitud con las actuales.
Sin embargo, más allá de esa perspectiva, parecería que Colombia no se ha notificado que en el exterior el clima está empeorando.
Tal como lo informó el Dane el viernes pasado, la producción industrial tuvo en septiembre un incremento del 5,2 por ciento, con lo cual el promedio en lo que va corrido del 2011 aumentó al 4,9 por ciento. De hecho, en el tercer trimestre el salto fue del 6,3 por ciento, un dato muy superior al de las dos mediciones previas.
Por otra parte, al comercio al por menor tampoco le fue mal. Es verdad que las épocas de crecimientos de doble dígito vistas en el primer semestre parecen haber quedado atrás, pero aun así en el noveno mes del año el alza en las ventas fue de 8,1 por ciento.
En respuesta no faltará quien diga que el capítulo de automóviles tiene un gran peso en ese cálculo, pero si este se excluye del estimativo, el guarismo queda en un muy respetable 7,2 por ciento. En otras palabras, la fortaleza de la demanda interna sigue.
Como consecuencia, las apuestas sobre el comportamiento de la economía colombiana se mantienen en el terreno optimista. La semana pasada el Ministro de Hacienda sostuvo que el crecimiento del PIB entre julio y septiembre llegó al 6,7 por ciento y que para todo el 2011 debería ser 5,5 por ciento.
Además, el funcionario afirmó que el próximo año la desaceleración será menor, pues el avance de la economía sería del 5,1 por ciento si la tormenta no empeora. Incluso si esta se vuelve más fuerte, la tasa estaría por encima del 4 por ciento, algo con lo cual coinciden la mayoría de los analistas.
¿Qué explica que mientras en la mayoría del planeta la máquina productiva va mucho más lento en Colombia suceda lo contrario?
Las razones son varias. De un lado, los precios de los productos básicos que exporta el país no han caído de precio. Del otro, el consumo local es vigoroso y está alimentado por una expansión del crédito, soportada por un sector financiero sólido.
Además, el efecto del importante gasto público es cada vez más notorio. Por todo lo anterior, y así las casandras sostengan que el fin está cerca, la verdad monda y lironda es que la economía nacional va bien. Eso no quiere decir que haya que ser complacientes, pero sí permite reaccionar sin pánico ante lo que venga.
Ponte al dia.