El primer examen
EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
Hoy a las 11 de la mañana está previsto que el Dane entregue los resultados sobre el comportamiento de la economía colombiana en el primer trimestre del año.
Si bien las expectativas son en general favorables, en el sentido de que en medio de un mundo en problemas el país sigue creciendo, también es cierto que las apuestas se han moderado a medida que avanza el 2012.
Y es que no solo las nubes de tormenta son cada vez más oscuras en el escenario internacional, sino que internamente algunos sectores líderes han perdido velocidad.
Así ocurre, por ejemplo, con el ramo de minas en el cual la producción petrolera ha mostrado síntomas recientes de estancamiento, por cuenta de los cuellos de botella en el transporte, la demora en la expedición de licencias ambientales y los ataques terroristas contra la infraestructura.
Si bien en comparación con lo sucedido entre enero y marzo del 2011 en esta ocasión hay una mejora, el salto es mucho más pequeño que en el pasado reciente.
Debido a ello, la sonada meta del millón de barriles diarios no se ha conseguido y ya comienzan a aparecer las voces de los escépticos en el sentido de que cruzarla no va a ser nada fácil.
En respuesta, el Gobierno insiste en que no hay de que preocuparse pero, sea como sea, lo cierto es que la locomotora minera no parece estar con el acelerador a fondo.
Como si eso no bastara, también la actividad constructora sigue sin tenerlas todas consigo. El sorprendente bajón en las licencias de edificación otorgadas sugiere que soplan vientos fríos, así estos se manifiesten con mayor poder en unos meses.
Adicionalmente, el capítulo de las obras civiles ha tenido un desempeño errático a pesar del notable aumento en las cifras de inversión pública lo cual hace creer que la capacidad de ejecución hace todavía agua.
Aparte de lo anterior, el comercio sigue con incrementos de doble dígito, si se excluyen del análisis las ventas de automóviles.
El comportamiento observado permite ver que la demanda interna es todavía fuerte y que la capacidad de consumo de los hogares de hecho se ha expandido.
Lamentablemente, dicha dinámica no ha contribuido tanto a que la industria nacional vea reverdecer sus laureles, marchitados por la competencia externa, la dificultad de abrir nuevos mercados y, por supuesto, la apreciación del peso colombiano.
Todo esto hace pensar que el país podría darse por bien servido si consigue una tasa de crecimiento que al finalizar el año supere el 4,5 por ciento.
Un objetivo como el mencionado, vale la pena subrayarlo, estaría por encima del promedio estimado para América Latina.
La semana pasada, la Cepal reiteró su pronóstico del 3,7 por ciento en lo que hace a la suerte de la región.
No obstante, también dijo que mientras algunos van mejor de lo que se pensaba, otros no. En el primer grupo se encuentran Perú, Chile, Venezuela y México, mientras que en el segundo están Argentina, Brasil, Guatemala y Colombia. La principal causa en el desvío frente a las proyecciones iniciales recae en las cotizaciones de las materias primas y la volatilidad observada en los precios de estas.
El diagnóstico no considera, por cierto, un eventual empeoramiento de la situación, por cuenta de una posible debacle en Europa o por mayores inconvenientes en Estados Unidos o China.
De tal manera, vale la pena aceptar que ha llegado la hora de ser cautos en las apuestas con respecto a la economía nacional, sobre todo cuando se tiene en cuenta que el segundo trimestre del año pinta ser menos bueno que el primero.
Aunque un veredicto más preciso solo podrá hacerse a partir de la cifra que se reporta hoy, es bueno comenzar a prepararse para una cifra mediocre.
Pero especialmente hay que insistir en la capacidad que puede tener el gasto estatal para cambiar el fiel de la balanza, si más de un anuncio oficial logra pasar de las palabras a los hechos.
Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
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