Otra puerta que se abre
A la ratificación en Estrasburgo del Acuerdo Comercial con los europeos le queda pendiente la parte que debe hacer Colombia.
EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
Era un resultado predecible. Así podría calificarse lo sucedido ayer en Estrasburgo, cuando el Parlamento Europeo aprobó por una amplia mayoría de 486 votos a favor, sobre 147 en contra, el Acuerdo Comercial firmado entre el bloque comunitario y Colombia. Si bien no faltaron algunas voces discordantes, desde hace semanas era notorio el amplio respaldo que tenía la propuesta.
Así queda allanada la mitad del camino para fortalecer las relaciones con un área que, a pesar de la crisis actual, tiene un evidente poderío. Y es que los 27 Estados que componen la Unión Europea albergan a 500 millones de consumidores y generan en conjunto un Producto Interno Bruto cercano a los 17 billones de dólares, que equivale al 24 por ciento del de todo el planeta y supera, incluso, al de Estados Unidos.
Sin embargo, la entrada en vigencia del pacto depende de que Bogotá haga la tarea que le corresponde. Esta consiste en lograr la ratificación del Congreso, la cual avanza lentamente. A finales de noviembre, el texto recibió la luz verde de la comisión segunda del Senado, pero es poco probable que llegue a plenaria en la presente legislatura. Para la próxima quedaría entonces ese trámite, así como el paso por la Cámara.
Aunque es notoria la relativa apatía del Capitolio a la hora de correr para empujar los tratados de libre comercio, el Viejo Continente tiene una carta en su manga. El 31 de diciembre del 2013 vencen las preferencias arancelarias que hoy les permiten a las exportaciones colombianas tener un acceso privilegiado a Europa, ante lo cual se va a sentir la presión de quienes se verían afectados, como el banano o ciertos bienes industriales.
El interés mutuo por aumentar el intercambio es evidente. En el caso colombiano, lo facturado a esa parte del mundo entre enero y octubre ascendió a 7.063 millones de dólares, destinados principalmente a España, Países Bajos, Reino Unido, Italia, Bélgica y Alemania. Si bien el país registra una balanza que es superavitaria en 1.190 millones de dólares en el periodo referido, la oferta está concentrada en pocos ítems.
De tal manera, hay un espacio para crecer en manufacturas o al menos en artículos con algún grado de valor agregado. Dicho de otra forma, no todo puede ser petróleo, carbón, oro, café en grano, cueros o banano, sin desconocer que algo se hace en químicos, alimentos y confecciones.
A su favor, los productores nacionales cuentan con un esquema de desgravación asimétrico, que le permite un acceso preferencial mayor a los bienes hechos acá, y que en una buena proporción operaría de forma inmediata. En consecuencia, el Ministerio de Comercio le ve posibilidades atractivas al azúcar, los dulces, la pulpa de frutas, los biocombustibles, los plásticos, los textiles, entre otros.
En el sentido contrario, los europeos también quieren vender más como una manera de salir de la fuerte recesión que se ha intensificado en los últimos meses. Las buenas tasas de crecimiento económico de este lado del Atlántico han atraído así mismo a inversionistas que buscan oportunidades y que tendrían un grado de protección mayor, una vez entre a regir el Acuerdo Comercial.
La eventualidad de más importaciones del Viejo Continente causa cierto nerviosismo en el sector agrícola y particularmente en el lechero. La combinación de un generoso régimen de subsidios con elevadas productividades puede poner en problemas a los campesinos locales, aunque en el caso de los bienes más sensibles hay plazos de liberación gradual que llegan hasta los 17 años.
Si bien ese día se ve lejano y el tratado todavía no entra en vigor, lo sucedido ayer debería ser un acicate para que el país comience a hacer el oficio de prepararse para una mayor competencia y sepa franquear las puertas que se le abren. Solo así, las promesas que acompañan el pacto con Europa podrán convertirse en realidad.
RICARDO ÁVILA PINTO
ricavi@portafolio.co
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