Razones de una estrategia
EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
Para algunos es fácil desdeñar la iniciativa lanzada el lunes por Juan Manuel Santos, de construir 100.000 viviendas de interés prioritario a lo largo de los próximos dos años.
Según sus críticos, el primer mandatario no hizo más que sacar del sombrero una propuesta de corte populista, con el fin de evitar el notorio descenso que han tenido sus índices de popularidad.
Incluso, hay quienes han llegado a decir que todo es una estrategia para preparar la reelección presidencial en el 2014 o allanarle el camino al nuevo ministro de la especialidad, el actual titular de la cartera de Interior, Germán Vargas Lleras.
Sin embargo, un análisis más desapasionado muestra un panorama diferente. El motivo es que una propuesta de tanta envergadura como la citada no se saca del sombrero de la noche a la mañana.
Así lo demuestra un proyecto de ley que se encuentra prácticamente listo y un esquema que tiene recursos y cronogramas establecidos.
En cambio, vale la pena detenerse en las razones de una estrategia ambiciosa que ha sido ensayada en México, Chile o Brasil. Entre estas, hay que mencionar un elevado déficit habitacional, que afecta, en particular, a los más pobres entre los más pobres.
Debido a la falta de oferta y a la incapacidad de los mecanismos existentes para solucionar el faltante, los problemas son los mismos de siempre, con lo cual las personas pertenecientes al estrato uno no tienen otro camino que el de las soluciones informales o ilegales.
Como si eso fuera poco, el esquema de subsidios opera mal y poco. A pesar de las miles de ayudas individuales aprobadas, la verdad es que el dinero languidece en cuentas bancarias, pues sus beneficiarios no tienen en su mayoría la capacidad de ahorro exigida.
Y quienes logran superar ese obstáculo, en múltiples oportunidades no consiguen la aprobación de los créditos que solicitan, pues no pueden demostrar su capacidad de pago de una cuota mensual.
Ante esa situación, suena totalmente justificable que cerca de cuatro billones de pesos del presupuesto nacional se destinen a un fin que es loable.
Se trata, al fin y al cabo, de darles la posibilidad a un número inmenso de hogares en condición de miseria de salir adelante. La idea es que las unidades habitacionales que se entreguen sean consideradas un subsidio en especie, sujeto a una serie de restricciones para prevenir su uso indebido o enajenación temprana.
No obstante, vale la pena advertir que convertir las promesas en realidad no será un tema sencillo. Para comenzar, porque quienes saben de estos asuntos sostienen que la tierra es un cuello de botella inmenso y su disponibilidad depende en buena parte de la cooperación de los alcaldes y los concejos municipales.
Si alguna lección ha dejado la atención de la reciente ola invernal, es que mientras unos se mueven rápido, otros no.
Esa circunstancia hace que el manejo de las expectativas sea algo muy delicado, sobre todo para un Gobierno que ha tenido dificultades para concretar los programas anunciados. Ante la posibilidad de tener un techo digno, serán miles los que tras esperar durante años la ayuda del Estado, exigirán soluciones prontas.
No menos importante es la necesidad de que la red Unidos, columna vertebral de la aplicación del esquema, adelante labores de acompañamiento.
Estas deben ir desde la enseñanza de métodos de convivencia en unidades que serán multifamiliares, hasta asegurar que los beneficiarios del programa mejoren sus ingresos o que existan los servicios sociales requeridos.
Cuando a finales del siglo pasado ocurrió el terremoto de Armenia que asoló el eje cafetero, Colombia hizo un importante curso de aprendizaje, que no estuvo exento de errores en su primera etapa.
Ahora que el país se embarca en una iniciativa sin precedentes, es bueno tener en cuenta esas enseñanzas para evitar que las esperanzas de mejoramiento que se han abierto acaben en una amarga desilusión.
Ponte al dia.