En busca de un perfil
La renovación que viene en la junta directiva de Ecopetrol es legítima, pero habría sido mejor hacerla de manera escalonada y no abrupta.
Marzo en Colombia no solo se destaca por ser el comienzo paulatino de la temporada de lluvias o por la llegada del equinoccio, que es cuando el sol se encuentra exactamente sobre el ecuador y el día y la noche tienen igual duración. También el presente mes se caracteriza en el ámbito empresarial por la celebración de las asambleas de accionistas, en las cuales se aprueban los estados financieros del año anterior, el proyecto de repartición de utilidades y la conformación de las juntas directivas respectivas, entre otros puntos importantes.
Como accionista de un buen número de sociedades, el Estado colombiano también hace la labor de mirar quién lo representa, tanto en aquellas entidades en las que es socio mayoritario, como en las que no. Todo apunta a que debido al cambio de Gobierno ocurrido el 7 de agosto pasado, vendrá una renovación de nombres, en desarrollo del refrán taurino de ‘cada uno torea con su cuadrilla’.
La práctica es legítima y forma parte del fuero de cada administración. A fin de cuentas, se trata de nombrar en las juntas directivas personas de confianza que puedan recibir lineamientos en uno u otro sentido, en caso de ser necesario. En otras oportunidades, la designación es un reconocimiento a la trayectoria profesional o experiencia de alguien que aporta conocimientos y criterio.
Ese último perfil ha venido ganando preponderancia de unos años para acá. De hecho, por cuenta de las negociaciones para la entrada de Colombia a la Ocde salieron ministros y viceministros, siendo reemplazados por personas externas o técnicos de menor rango. La intención es evitar que las prioridades políticas del Ejecutivo de turno interfieran con la defensa de los intereses de la empresa en cuestión o con los propósitos de largo plazo, algo que sirve para cuidar y valorizar el patrimonio público.
Aun así, hay peligros de hacer borrón y cuenta nueva. Eso es lo que va a suceder en Ecopetrol, según una carta enviada hace unos días por el minhacienda, Alberto Carrasquilla, al presidente de la compañía, Felipe Bayón. La plancha, que con seguridad será oficializada el próximo 29 de marzo cuando tendrá lugar la asamblea general de la compañía, incluye a personas de las más altas calidades: Orlando Ayala, Luis Guillermo Echeverri, Juan Emilio Posada, Sergio Restrepo, Santiago Perdomo y Esteban Piedrahita.
De los actuales integrantes de la junta, tan solo dos repetirán encargo: Hernando Ramírez, en representación de los departamentos productores de hidrocarburos, y Carlos Gustavo Cano, cuota de los accionistas minoritarios. Entre los que salen hay personas cercanas a Juan Manuel Santos o ejecutivos que se destacaron en el sector privado. También se va Joaquín Moreno, con una larga experiencia en el negocio petrolero y quien llevaba en el cuerpo directivo una decena de años.
A este respecto, los conocedores hacen varias consideraciones. Más allá de los nombres individuales postulados, la pregunta es si hay definido un perfil del cuerpo colegiado, con especialistas de diversas disciplinas. En abstracto este debería incluir expertos del segmento extractivo, abogados, financistas, economistas o conocedores de los mercados internacionales.
Por otra parte, hay cuestionamientos respecto a lo que significa perder parte de la memoria institucional de manera abrupta. Así no sea una ocupación de tiempo completo, la junta de Ecopetrol trae una curva de aprendizaje que será recorrida, al mismo tiempo, por la mayoría de sus integrantes. Ese es el motivo por el cual se recomiendan las renovaciones parciales para no entorpecer la marcha de la estrategia empresarial y menos en un conglomerado de tanta complejidad como este. Así suene a lugar común, este es uno de los casos en los cuales se aplica plenamente la sabiduría popular: ‘la experiencia no se improvisa’.
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