Un tema de pros y contras
La idea de vender parte de las acciones que la Nación tiene en Ecopetrol merece un análisis detallado y de fondo para no dar pasos en falso.
No fueron pocas las expresiones de sorpresa que ocasionaron las declaraciones del Ministro de Hacienda el jueves pasado. En el transcurso de una entrevista radial el funcionario se inclinó en favor de la venta de disminuir la participación que el Estado colombiano tiene en Ecopetrol, con el fin de dejarla en 80 por ciento del capital, frente al 88,49 por ciento actual. Según el planteamiento, las autorizaciones del caso existen y tan solo se requiere la luz verde presidencial para proceder a estructurar una operación que generaría más de 10 billones de pesos con destino a las arcas públicas.
Sobre el papel, la idea es muy tentadora. Para una administración que se verá obligada a recortar su presupuesto de gastos este año, debido a que la ley de financiamiento solo obtuvo la mitad de los recursos que buscaba, esta sería una manera fácil de cuadrar la caja. De hecho, si las cosas salen bien, podría despejarse el escenario fiscal del 2020, a pesar de las advertencias en el sentido de que los recaudos se verán afectados el próximo año, debido al alivio que viene en la carga tributaria de las empresas.
Por otra parte, están los argumentos en favor de darle un impulso al desarrollo del mercado de capitales y aumentar la profundidad de la bolsa de valores, por cuenta de una mayor oferta de títulos. Ese paso podría incidir en que otras sociedades sigan el ejemplo y los inversionistas encuentren un abanico más amplio a la hora de escoger.
Todo lo anterior suena muy bien, pero hay que contemplar otros escenarios. El primero es que se repita lo sucedido en el 2011, cuando, debido a las circunstancias del momento, fracasó parcialmente el intento de emitir acciones para que fueran adquiridas por el público, tras el proceso exitoso del 2006 que colocó el 10,1 por ciento del capital entre los particulares. Hace siete años largos se recogieron 2,7 billones de pesos, el 14 por ciento de la meta establecida.
Dado el clima de nerviosismo actual, no está de más preguntarse si otra vez puede pasar lo mismo. Por una parte, la liquidez mundial ya no es la misma de antes y el apetito por las economías emergentes ha disminuido, como lo muestra la tendencia negativa en los montos de inversión extranjera. Por otra, hay una gran volatilidad en las cotizaciones del petróleo, que golpea el atractivo de las compañías del sector. Tampoco es claro que haya compradores locales interesados, comenzando por los fondos de pensiones.
Aunque no hay duda de que Ecopetrol está bien manejada y ha mejorado de forma radical sus indicadores de eficiencia, es claro que no hay consenso entre los analistas a la hora de recomendar la adquisición del título. Un sondeo rápido de firmas dedicadas al negocio bursátil muestra que la mitad recomienda vender al precio actual en la bolsa, pues su perspectiva es que la especie debería disminuir su valor en los meses que vienen.
También hay que preguntarse cuál sería el destino de los dineros que se consigan. Muchos recuerdan que siendo senador, Iván Duque se convirtió en un férreo opositor de la venta de la participación estatal en Isagen, a pesar de que el 90 por ciento de los 6,4 billones recibidos se fueron a apuntalar la capacidad crediticia de la Financiera de Desarrollo Nacional y ahí se encuentran.
Es de imaginar que, en este caso, la polémica pública será intensa si se trata de enajenar parte de un activo rentable, que paga buenos dividendos, para financiar gasto corriente. Usar el patrimonio de la Nación con el propósito de convertirlo en plata de bolsillo ocasionaría enormes críticas, pues sería visto como una irresponsabilidad. Habría, entonces, que justificar bien el uso de ese ingreso.
Por eso es de esperar que la Casa de Nariño reflexione a conciencia sobre el asunto y mire pros y contras. El futuro de Ecopetrol no merece dar un paso en falso.
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