Señales de alarma
EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
No son buenas las noticias que vienen del otro lado del Atlántico. Ayer, sin ir más lejos, la agencia calificadora de riesgo Moody’s degradó a la categoría de ‘basura’ los bonos emitidos por la República de Irlanda.
Así, el antiguo ‘tigre celta’ se convirtió en un miembro más del club de los parias que integraban ya Grecia y Portugal, cuya prima de riesgo a la hora de emitir nuevos títulos de deuda se fue a la estratosfera.
Como si lo anterior fuera poco, los mercados empezaron a mirar con nerviosismo a Italia, una de las cuatro grandes economías de la Unión Europea, junto a Alemania, Francia y España.
Con acreencias que equivalen a su Producto Interno Bruto anual, una eventual caída de la nación mediterránea provocaría un tsunami de tal magnitud que el oleaje se sentiría en todos los confines del globo.
Esa fue la razón por la cual las bolsas en el Viejo Continente tuvieron una jornada negra el lunes pasado, si bien algo de tranquilidad regresó tras el anuncio de Silvio Berlusconi de impulsar un paquete de recortes.
La sensación de inestabilidad probablemente tiene que ver con las grandes divisiones que existen en el bloque comunitario.
Así lo dejó en claro el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, quien se fue lanza en ristre contra Berlín, al acusar a la dirigencia germana de enviar señales que han aumentado el nerviosismo en los mercados.
Unos cientos de kilómetros más al norte los ministros de finanzas de la Zona Euro, reunidos en Bruselas, tampoco pudieron ponerse de acuerdo sobre lo que van a hacer respecto al tema griego, que sigue sin tener una solución estructural.
Semejante cadena de acontecimientos, que se suma a los profundos desacuerdos entre Barack Obama y el Partido Republicano en Estados Unidos sobre elevar el techo de la deuda pública, no han hecho más que aumentar el nerviosismo sobre la marcha de la economía mundial.
Tres años después de la quiebra de Lehman Brothers, cuyo hundimiento fue el causante de la primera recesión sufrida por el planeta en más de seis décadas, las nubes de tormenta han vuelto a acumularse en el horizonte.
Las inquietudes, tal como en ese entonces, son de orden financiero.
Sin desconocer que el ritmo de la actividad productiva no es el mejor y que el desempleo se encuentra en un piso elevado, la principal preocupación está relacionada con la salud de los bancos que les han prestado dinero a los países que están en la mira de los mercados. De tal manera, una eventual moratoria e incluso una reestructuración de las deudas de tales naciones ocasionarían pérdidas inmensas y un efecto dominó de consecuencias incalculables.
Y es que no sólo se trata de ocasionales saldos en rojo, sino de la muy limitada capacidad que tienen las economías más poderosas para financiar programas de rescate o estímulo.
Dicho de otra manera, no existe el espacio que ya se gastó para lanzar nuevos salvavidas, por lo cual las predicciones apocalípticas están a la orden del día.
Lo anterior, por supuesto, no quiere decir que la situación sea desesperada. Todavía existe algún margen de maniobra, sobre todo si los europeos llegan a algún consenso sobre cómo responder en conjunto. Además, experiencias como la de América Latina a finales del siglo pasado muestran que hay maneras de salir adelante, limitando los sacrificios.
No obstante, Colombia debería tomar nota de lo que sucede en el mundo industrializado.
Aunque el sacudón experimentado por la Bolsa local tiene mucho que ver con los temores de los inversionistas, la verdad es que el ciudadano promedio se siente lejano de lo que ocurre en otras latitudes. Ese desinterés es un error a pesar de que la economía nacional esté marchando bien.
Tal como lo demostró lo sucedido en la segunda mitad del 2008, es posible sortear la marejada, pero no evitar algún grado de contagio.
Ponte al dia.