Sicólogas e ingenieras
Las frases de la Vicepresidente despiertan un debate urgente: ¿cuál es la educación del futuro y cómo impactará a las mujeres colombianas?
Hace unos días unas declaraciones de la vicepresidente, Marta Lucía Ramírez, sobre un eventual exceso de sicólogas y sociólogas en el país despertaron polémica.
La alta funcionaria habría invitado a las jóvenes en Antioquia a escoger otras carreras profesionales asociadas a las ciencias y las matemáticas.
Más que entrar a criticar la validez de las afirmaciones y sin demeritar la molestia justificada de los profesionales en estas áreas, la Vicepresidente puso sobre la mesa un asunto de la mayor trascendencia: ¿Cuáles son las características de la educación para el futuro y en qué áreas del conocimiento deberían las colombianas de las nuevas generaciones especializarse?
Es innegable que tanto la educación como el trabajo son sectores que han experimentado profundas transformaciones generadas en gran parte por la tecnología y los cambios demográficos. La pertinencia de las habilidades y los conocimientos transmitidos en las tradicionales aulas universitarias están siendo puestas en duda por los más jóvenes.
Además, la naturaleza del empleo está cambiando e incluso deteriorándose. Por ejemplo, las plataformas y la economía colaborativa están demandando trabajos temporales y con una mayor flexibilidad.
De acuerdo a un informe de la consultora Mckinsey, entre 75 y 375 millones de personas en el mundo tendrán que cambiar de trabajo o adaptarte a nuevas ocupaciones por fenómenos como la automatización y la digitalización.
Un reciente reporte del Foro Económico Mundial identifica los empleos con mayor proyección en el futuro. Si bien hay muchos en temas de ingeniería- especialistas en inteligencia artificial, por ejemplo-, también hay otros sectores que enfatizan la importancia de la “interacción humana en la nueva economía”: mercadeo, ventas, producción de contenidos, técnicos en salud ocupacional y trabajadores de la salud y del cuidado de adultos mayores.
De hecho, esta creciente demanda de nuevos empleos requiere de habilidades distintas a las que tradicionalmente se han enseñado en nuestras universidades. Además del conocimiento técnico, la adaptabilidad a la economía colaborativa, la creatividad, la inteligencia emocional, la alfabetización digital e incluso la creación de marca personal se convierten en habilidades profesionales necesarias para esos empleos del futuro.
No se equivoca entonces la Vicepresidente en alertar sobre la necesidad de los colombianos más jóvenes, y en especial las mujeres, en contemplar profesiones como las ingenierías o las matemáticas, ya que estas tienen muchas de esas habilidades del futuro.
Además, aunque sin ser expresado de la mejor manera, es muy sensato el llamado de Marta Lucía Ramírez a que más mujeres entren a las llamadas áreas STEM(Ciencia, Tecnológía, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés). De acuerdo a datos del Ministerio de Educación entre 2001 y 2017, de cada 10 mujeres graduadas en la educación superior, solo 1,6 pertenecían a programas STEM. Ese mismo dato para los hombres es de 3,7. En otras palabras, una gran brecha de género.
Cabe asimismo decir que la brecha entre hombres y mujeres no es homogénea en todas las carreras de ingenierías y ciencias.
Tanto las áreas del conocimiento que se estudian como las habilidades que se aprenden y desarrollan se combinan para que las mujeres tengan mejores herramientas para su desarrollo profesional y para la consecución de mejores ingresos. Las STEM y las ciencias humanas cuentan con conocimientos y habilidades que serán claves para los empleos del futuro.
Esa es la doble brecha que hay que cerrar y la que merece atención: una de género, pues las ciencias deberían atraer a más mujeres, y una de ingresos, en la que esas habilidades cuentan.
Ponte al dia.