Ahora sí, suena el silbato
A lo largo de los años pasados, el país se ha acostumbrado a escuchar múltiples promesas sobre el inminente desarrollo de la infraestructura de transporte.
EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
Los anuncios oficiales han sido tantos, que frente a la lentitud de las obras, ahora son recibidos con más escepticismo que entusiasmo. Como en el cuento del pastorcito mentiroso, la opinión sostiene que es necesario ver para creer. La necesidad de un salto en esta materia es innegable.
En las clasificaciones que elabora el Foro Económico Mundial, Colombia se encuentra en los lugares más bajos de la tabla, no solo a nivel global, sino latinoamericano.
Tanto en lo que hace a carreteras, como a ferrocarriles y puertos, el atraso es descomunal y genera un costo inmenso. No en vano tenemos problemas serios de competitividad, los cuales son todavía más evidentes a la luz de los desafíos que imponen los tratados de libre comercio firmados con Estados Unidos, la Unión Europea o las naciones vecinas.
Aparte de lo anterior, el buen desempeño de la economía en épocas recientes ha estado acompañado de un fuerte crecimiento en el parque automotor y en el volumen de productos transportados de un lado a otro.
Dicha realidad ha ocasionado nuevos cuellos de botella que necesitan respuestas efectivas. Ante el desafío, la única salida que sirve es aumentar el ritmo de las inversiones.
Durante las décadas pasadas estas han sido equivalentes al uno por ciento del PIB por año, un nivel que debería por lo menos triplicarse e idealmente quintuplicarse, según los diagnósticos que en su momento ha hecho el Banco Mundial. En plata blanca, eso quiere decir unos 18 billones de pesos anuales para llegar al 3 por ciento del Producto del 2012.
Precisamente esa es la meta que maneja la Agencia Nacional de Infraestructura, que depende del Ministerio de Transporte, y que mañana lanza su nueva estrategia de concesiones valoradas en algo más de 40 billones de pesos. Si a dicha suma se le agregan las obras públicas a cargo del Invías y lo que puedan aportar las regalías, todo apunta a un esfuerzo sin precedentes en la historia del país.
Tampoco se pueden relegar a un segundo plano los proyectos que han venido presentando diversas firmas, después de que entró en vigencia la ley que creó las asociaciones público privadas. Más de una docena de iniciativas están para consideración del Gobierno.
Algunas no involucran fondos estatales, mientras que unas pocas piden un aporte de recursos del presupuesto nacional del 20 por ciento, que es el máximo establecido. La combinación de diferentes mecanismos puede, ahora sí, llevar a que el país dé el salto que necesita en este campo.
¿Por qué esta vez es diferente? Aparte de la magnitud de los fondos involucrados, los tramos ofrecidos al sector privado para que los desarrolle, vienen con diseños y estudios de ingeniería mucho más completos que en el pasado, para evitar las sorpresas en el terreno y las demoras conocidas.
Ello explica, por ejemplo, que el primer paquete contenga seis trayectos y que en los próximos meses se ofrezcan los demás en forma gradual. Un indicador sencillo resume en qué consiste la meta. Este año, el plan es acabar con 1.117 kilómetros de dobles calzadas, un total que en el 2014 llegaría a 1.775 y en el 2018 a 3.400 kilómetros.
Tales cuentas no comprenden los 3.450 kilómetros de vías férreas a intervenir, ni el aumento de capacidad en los puertos en el Caribe y el Pacífico, además de la navegabilidad del río Magdalena.
Nada de esto había sido posible sin el fortalecimiento institucional que ha tenido el sector. Reconociendo que aún quedan cabos por atar, esta vez sí se abre la posibilidad de que se hagan bien las cosas, después de que la desidia y la corrupción fueran sinónimos de lo que sucedía en el campo del transporte.
Vendrán nuevos desafíos, sin duda, como el de conseguir la financiación del ambicioso programa que por fin toma forma, pero la verdad es que una locomotora que llevaba décadas andando a paso de tortuga, empieza a hacer sonar su silbato con mucha fuerza.
Ricardo Ávila Pinto /
ricavi@portafolio.co
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