La terca realidad
EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
Desde hace meses quienes siguen de cerca la evolución del tema automotor en Colombia sabían que en el 2011 se iban a romper todas las marcas de ventas.
La dinámica de crecimiento había sido tan fuerte que realmente la única duda era la cifra final.
Esa inquietud quedó resuelta ayer, cuando la firma Econometría reportó que las unidades compradas en el año llegaron a 324.570, un crecimiento del 27,8 por ciento con respecto al 2010.
Semejante guarismo demuestra que definitivamente quedaron en el recuerdo las épocas de comienzos del siglo cuando el mercado nacional era mucho más pequeño. Para ser precisos, en el 2000 y el 2001 este ascendió a 60.358 y 64.896 vehículos nuevos respectivamente.
Un salto de cerca de cinco veces en una década tiene varias explicaciones. En primer lugar, la realidad de la economía es completamente diferente, pues la recesión de esa época ha sido reemplazada por un sector productivo en plena expansión.
Como es bien sabido, todas las apuestas con respecto al Producto Interno Bruto del año pasado le apuntan a una tasa de crecimiento superior al 5,5 por ciento, con lo cual el valor de los bienes y servicios producidos en el país superará los 300.000 millones de dólares, algo más del triple de hace diez años.
De la mano de ese salto, el ingreso promedio de los ciudadanos y su poder adquisitivo han subido. Además, el desempleo ha disminuido, al igual que los índices de pobreza, lo cual influye sobre el vigor de la demanda interna.
La mezcla de esas condiciones objetivas con un escenario en el que hay amplias facilidades de financiación y una variada oferta de modelos a precios asequibles, se traduce en saltos tan llamativos como los observados en el 2011.
Teniendo en cuenta que el viento debería seguir soplando a favor de la economía nacional en el mediano plazo, suena razonable prever que el récord revelado ayer no durará mucho tiempo.
Es cierto que si la situación de Europa empeora dramáticamente y tiene lugar una catástrofe equivalente a la de hace tres años, puede presentarse un bache. Sin embargo, los conocedores del tema insisten en que este sería de carácter temporal.
Por tal motivo hay que prepararse para ventas todavía mayores. General Motors, por ejemplo, calcula que antes de cinco años el mercado de vehículos nuevos en el país debería acercarse al medio millón de unidades.
Ese estimativo no tiene nada de descabellado si se mira lo que ocurre en otras partes de América Latina, en donde han ocurrido fenómenos similares. Además, hay que tener en cuenta que según los estándares regionales el total de automóviles que ruedan en el país es todavía bajo.
Ante tal perspectiva, las autoridades nacionales, regionales y locales deberían estar preparadas.
Son conocidas las quejas ante el pobrísimo estado de las carreteras, pero al menos en este frente hay planes en marcha que deberían empezar a revisarse pronto para que las obras no queden pequeñas cuando se inauguren. En cambio, son pocas las ciudades en donde sus administradores han diseñado estrategias de largo plazo para adaptarse al nuevo paradigma. Medellín y Cali tienen iniciativas que mostrar, pero incluso esas capitales pueden haberse quedado cortas.
A su vez, el caso de Bogotá es dramático, especialmente si se considera que el 46 por ciento de los vehículos vendidos el año pasado en Colombia fueron negociados en el Distrito.
La administración de Gustavo Petro le ha dicho que no al proyecto de autopistas urbanas y planea desechar la Autopista Longitudinal de Occidente que sacaría una parte del tránsito.
El argumento es que el nuevo Alcalde privilegia los sistemas de transporte masivo, lo cual está muy bien. Pero eso no va a recortarle a miles de personas su sueño de tener carro nuevo. Dicho de otra manera, el mandatario puede ser terco, pero la realidad también.
Ponte al dia.