Tropiezos en el área
La idea de acercar a Colombia, México, Chile y Perú es la adecuada para dichos países.
EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
La cita que hoy tienen en Lima los presidentes de Colombia, Chile, México y Perú dista de ser un encuentro protocolario más. Si las cosas salen como están previstas, los mandatarios le deberían dar un espaldarazo mayúsculo a la iniciativa lanzada por Alan García hace unos meses, en el sentido de crear un área de integración profunda que reúna a naciones hermanas cuyo denominador común es el de tener costas en el Pacífico.
Acercar a los países mencionados tiene toda la lógica. Estrechar los lazos significa allanar las regulaciones para que se fortalezcan los flujos de personas, comercio e inversión, y al mismo tiempo se permita constituir un frente unido en diversos foros internacionales.
La estrategia también puede servir para identificar oportunidades en Asia, que es y seguirá siendo la principal locomotora económica del planeta. Frente al surgimiento de China o India, suena aconsejable aplicar el conocido refrán que dice que “la unión hace la fuerza”. Ese poderío no es despreciable. La población combinada de los posibles socios del área ascendería a algo más de 200 millones de personas y su Producto Interno Bruto superaría los 1,5 billones de dólares, sumas equivalentes a las de Brasil.
Además, los cuatro Estados aportan más de la mitad de las exportaciones e importaciones de América Latina y concentran una proporción mayoritaria de los ingresos de inversión extranjera.
No menos importante es que en el grupo estarían algunas de las economías más pujantes de la región, como la peruana y la chilena, que han tenido transformaciones notables en años recientes. Parte del camino ya ha sido recorrido. Por ejemplo, Bogotá tiene vigente un acuerdo de libre comercio con Lima en el marco de la Comunidad Andina, mientras que con Santiago y Ciudad de México existen pactos en esa materia.
Al mismo tiempo, hay una iniciativa en marcha para tener oficinas comerciales conjuntas en ciertas naciones asiáticas. Aparte de ello, proyectos como el Mila, que integrará a las bolsas de valores de Colombia, Chile y Perú, servirán para tener bajo un solo paraguas a los inversionistas en acciones de los tres países. Así las cosas, el futuro del área de integración profunda parecería estar asegurado. Pero no es así.
El principal problema es la coyuntura política peruana, pues no es claro lo que pueda suceder bajo un eventual gobierno de Keiko Fujimori o de Ollanta Humala, quienes se enfrentarán en la segunda y definitiva vuelta en unas semanas. Si bien la primera parecería más partidaria del libre comercio, sería una aliada incómoda dado lo sucedido en el mandato de su padre, Alberto Fujimori.
El segundo, a su vez, ha enviado mensajes conciliadores al sector privado, pero muchos lo ven como una especie de lobo con piel de oveja, que sería más cercano al Alba de Hugo Chávez. Como si lo anterior no fuera suficiente, hay otros dos factores que hay que tener en cuenta.
De un lado, es indiscutible que Alan García está en las postrimerías de su mandato y, dados sus bajos niveles de popularidad, es cuestionable que quien lo suceda decida hacer suya la idea, por lo menos con el mismo entusiasmo. Del otro, no es clara la postura de México, que en teoría quiere formar parte del club, pero que normalmente prefiere hacer las cosas solo y a su manera.
Todo lo anterior lleva a pensar que no hay que exagerar en las expectativas frente a lo que pase hoy. Sin duda la propuesta es lógica y permitirá que se emprendan acciones conjuntas, pero su maduración tomará algún tiempo, dependiendo de la afinidad de los mandatarios y la capacidad de coordinación de los ministerios del caso. Dicho de otra manera, el camino de la integración empieza a ser recorrido, pero todavía falta un buen trecho –y mucha voluntad de las partes– para que el destino sea el que los optimistas esperan.
Ponte al dia.