De vuelta al frente interno
Destrabar el TLC con Estados Unidos y avanzar con Venezuela ha sido un gran resultado.
EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
La semana pasada estuvo marcada por grandes éxitos diplomáticos del presidente Juan Manuel Santos y de su canciller, María Ángela Holguín. Destrabar el TLC en una visita relámpago a la Casa Blanca, y asentar las bases de un acuerdo comercial con Hugo Chávez, que reactive el comercio binacional con Venezuela, todo ello en cuestión de días, casi de horas, es un magnífico resultado que confirma el buen momento del Gobierno en el frente externo, uno de los más deteriorados por las reiteradas y conocidas confrontaciones durante el doble mandato de Álvaro Uribe.
Lamentablemente, no se puede decir lo mismo y de manera tan contundente en el frente interno. Al menos no en todos los campos, a pesar de que el ritmo de la economía parece superar las expectativas de hace unos meses.
Propios y extraños reconocen que el mayor dolor de cabeza es el desempleo. Aún si, comparadas con las de un año atrás, las cifras muestran una ligera mejoría, se trata de tasas inaceptables para un país que debe conseguir que el crecimiento se traduzca en mayores niveles de ocupación, más seguridad social y mucha menos pobreza.
Colombia tuvo en el 2010, un desempeño bastante mejor de lo imaginado, y si el TLC con Washington y la reactivación del comercio con Venezuela, se hacen realidad, ese resultado será todavía mayor este año. Pero lo que precisamente preocupa en este terreno, es que el país avance por la senda de buenos incrementos en su PIB, sin que ello se traduzca en una expansión significativa de las nóminas.
La tasa de desempleo de Colombia es la segunda más alta de América Latina, y aún si hay diferencias en la forma de medirla según cada nación –lo que lleva a que a veces el país luzca más sincero que sus vecinos– no hay duda de que este es el mayor pendiente social y económico que tiene el país.
El gobierno de Santos ha propuesto como receta para enfrentarlo, las famosas locomotoras que deben impulsar la producción y generar puestos de trabajo. Pero la máquina que más influye en este terreno, que es la construcción de vivienda, va a un ritmo todavía lento.
Lo irónico es que hay recursos asignados. Y ahí viene un punto crítico. Al conversar en privado con altos funcionarios de la administración central, es frecuente que se quejen, de modo sincero, de las dificultades que las diferentes entidades estatales enfrentan para ejecutar esos fondos en las más diversas áreas.
Un caso ilustrativo es lo que ha sucedido con la atención a las víctimas de la grave emergencia invernal de finales del año pasado. Cuando ya ha entrado en forma la nueva temporada de lluvias, el retraso en la respuesta gubernamental ante el desastre ocasionado por las aguas aún es enorme.
Y eso para no hablar de las obras de reconstrucción y las de prevención de futuros daños, que en muchos casos ni siquiera están en el papel, y que, puestas en marcha, serían de inmensa utilidad para mejorar la calidad de vida de las regiones más afectadas. De hecho, el aumento en el desempleo en las zonas rurales que fue identificado por el Dane en su más reciente medición, tiene que ver con los miles de hectáreas anegadas que no han podido rehabilitarse.
Consciente de los problemas que su administración enfrenta en este tema, el Presidente está desarrollando una serie de encuentros con los mandos altos y medios de los diferentes ministerios, con el ánimo de entender bien lo que pasa, identificar dónde están las trabas y actuar en consecuencia.
El Mandatario ha hecho las primeras rondas y está elaborando un mapa de los obstáculos que enfrenta la ejecución. Buena idea. Pero Santos tendrá que hacer más, mucho más, si de verdad quiere destrabar la administración, que por momentos luce paralizada, y obtener en el frente interno, éxitos tan grandes como los que acaba de lograr, casi en un solo golpe, con Obama y con Chávez.
Propios y extraños reconocen que el mayor dolor de cabeza es el desempleo. Aún si, comparadas con las de un año atrás, las cifras muestran una ligera mejoría, se trata de tasas inaceptables para un país que debe conseguir que el crecimiento se traduzca en mayores niveles de ocupación, más seguridad social y mucha menos pobreza.
Colombia tuvo en el 2010, un desempeño bastante mejor de lo imaginado, y si el TLC con Washington y la reactivación del comercio con Venezuela, se hacen realidad, ese resultado será todavía mayor este año. Pero lo que precisamente preocupa en este terreno, es que el país avance por la senda de buenos incrementos en su PIB, sin que ello se traduzca en una expansión significativa de las nóminas.
La tasa de desempleo de Colombia es la segunda más alta de América Latina, y aún si hay diferencias en la forma de medirla según cada nación –lo que lleva a que a veces el país luzca más sincero que sus vecinos– no hay duda de que este es el mayor pendiente social y económico que tiene el país.
El gobierno de Santos ha propuesto como receta para enfrentarlo, las famosas locomotoras que deben impulsar la producción y generar puestos de trabajo. Pero la máquina que más influye en este terreno, que es la construcción de vivienda, va a un ritmo todavía lento.
Lo irónico es que hay recursos asignados. Y ahí viene un punto crítico. Al conversar en privado con altos funcionarios de la administración central, es frecuente que se quejen, de modo sincero, de las dificultades que las diferentes entidades estatales enfrentan para ejecutar esos fondos en las más diversas áreas.
Un caso ilustrativo es lo que ha sucedido con la atención a las víctimas de la grave emergencia invernal de finales del año pasado. Cuando ya ha entrado en forma la nueva temporada de lluvias, el retraso en la respuesta gubernamental ante el desastre ocasionado por las aguas aún es enorme.
Y eso para no hablar de las obras de reconstrucción y las de prevención de futuros daños, que en muchos casos ni siquiera están en el papel, y que, puestas en marcha, serían de inmensa utilidad para mejorar la calidad de vida de las regiones más afectadas. De hecho, el aumento en el desempleo en las zonas rurales que fue identificado por el Dane en su más reciente medición, tiene que ver con los miles de hectáreas anegadas que no han podido rehabilitarse.
Consciente de los problemas que su administración enfrenta en este tema, el Presidente está desarrollando una serie de encuentros con los mandos altos y medios de los diferentes ministerios, con el ánimo de entender bien lo que pasa, identificar dónde están las trabas y actuar en consecuencia.
El Mandatario ha hecho las primeras rondas y está elaborando un mapa de los obstáculos que enfrenta la ejecución. Buena idea. Pero Santos tendrá que hacer más, mucho más, si de verdad quiere destrabar la administración, que por momentos luce paralizada, y obtener en el frente interno, éxitos tan grandes como los que acaba de lograr, casi en un solo golpe, con Obama y con Chávez.
RICARDO ÁVILA PINTO
ricavi@portafolio.co
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