El 11-S y los seguros

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El ataque contra el World Trade Center de Nueva York causó el mayor número de víctimas mortales de un acto terrorista que recuerde la historia.
El cuadro fue particularmente dramático para Marsh & McLennan y AON, dos de los líderes mundiales en corretaje de seguros y reaseguros, como quiera que en las oficinas del complejo destruido se encontraban casi 500 de sus colaboradores, quienes se cuentan entre las más de 3.000 víctimas procedentes de 90 países que dejó el atentado.
Una década después, los colegas colombianos rindieron un sentido homenaje a su memoria, en el cual Bernardo Botero Morales, un experto en seguros, hizo un interesante análisis acerca de las consecuencias que ha tenido el 11-S sobre esa industria.
Para el autor, el atentado provocó un cambio drástico en la industria aseguradora, apreciación que es compartida por todos los analistas y expertos en este campo; nunca pasó por sus mentes que un solo acto terrorista llegara a tener tal poder de destrucción en vidas humanas y en daños materiales, además de las consecuencias posteriores sobre varios ramos de los seguros.
Según la American Academy of Actuaries (AAA), el 11-S ocasionó las mayores pérdidas aseguradas de que se tenga noticia, y aunque las estimaciones varían, su costo se sitúa entre 30 y US$70.000 millones, claro, nada comparables con los 20.000 millones de pérdidas aseguradas que dejó el huracán Andrew, en 1992, ni los 15.000 millones del terremoto de California, en 1994.
Un informe del Congress Research Service señala que las secuelas inmediatas bordearon los US$35.000 millones.
Paradójicamente, para la época del siniestro el WTC tenía un nuevo arrendatario, quien había contratado los seguros de los predios con 24 compañías; el valor asegurado fue de 3.550 millones, que eventualmente podría haberse duplicado bajo la interpretación de que hubo dos eventos diferentes en el ataque.
Antes del 11-S no existía una cobertura específica para los riesgos de pérdidas originadas en actos terroristas; estos aparecían en cláusulas generales de las pólizas, que interpretadas de manera amplia los cobijaban, aunque sin demandar una prima separada.
A partir del 11-S muchos aseguradores decidieron excluir de las coberturas de sus pólizas el terrorismo, forzando a los potenciales clientes a asumir los riesgos con sus propios recursos y a pagar primas de seguros y reaseguros sustancialmente más elevadas.
En aviación, por ejemplo, se estima que crecieron un 300%. Al decir de la AAA, estos hechos empezaron a tener efectos negativos sobre la economía, particularmente en los sectores inmobiliarios y de la construcción, y en otros donde los efectos no se pueden medir en el corto plazo.
Por ejemplo, ramos como los de riesgos profesionales, accidentes de trabajo o enfermedad profesional han mostrado significativos incrementos en las reclamaciones, como resultado de secuelas de actos terroristas.
Diez años después, hay personas que muestran afecciones físicas y síquicas ocasionadas por los atentados o sus desechos.
Muchas cosas cambiaron en el mundo a raíz del 11-S; sin embargo, como afirma The Economist, a pesar de que las guerras desatadas por el atentado han costado a EE. UU. tanto como su déficit presupuestal acumulado de seis años, además de la vida de 6.000 de sus soldados, muchos de sus aliados y 137.000 civiles, ese país no parece mucho menos vulnerable ahora que hace una década.
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