Tan cerca y tan lejos
No hay que olvidar que la escasez va en aumento y que el descontento también. Ni siquiera un dictador es capaz de sobrevivir a eso.
No hay duda de que la noticia internacional de mayor trascendencia en la semana que termina ocurrió cerca de Colombia. Bien podría decirse que los ojos del mundo se dirigieron hacia Caracas por cuenta de los sucesos del martes, cuando el presidente interino Juan Guaidó se reunió con el líder opositor Leopoldo López y comenzó la que en un momento pareció una exitosa rebelión militar.
Con el paso de las horas, la esperanza se desvaneció. Tras haber permanecido en silencio durante la jornada, Nicolás Maduro apareció en la televisión y afirmó que el “intento de golpe” había fracasado. Un par de días más tarde, protagonizó una ceremonia con más de 4.000 uniformados que le juraron lealtad.
Ver otra vez al encargado del régimen chavista subido en una tarima generó desencanto frente a las posibilidades de la oposición. Tras el entusiasmo de los sucesos de finales de enero, que concluyeron con una especie de decepción colectiva, más de uno experimentó sentimientos similares de frustración.
De acuerdo con la postura más extrema, Maduro y sus compinches permanecen sólidos en el poder. La máquina de represión y la capacidad de contrainteligencia de los servicios de seguridad que prestan los cubanos, sostienen al heredero de Hugo Chávez en el Palacio de Miraflores, mientras sus contradictores no logran la masa crítica que requieren para ponerlos a raya.
Sin embargo, quienes saben leer entre líneas consideran que hay corrientes bajo la superficie a las que vale la pena prestarles atención. Las revelaciones hechas por Washington, con respecto a contactos adelantados en Venezuela, muestran que la revolución bolivariana acusa señales de fragilidad, que seguramente ocasionará purgas y desconfianza.
De tal manera, así se haya perdido una batalla, el desenlace de la guerra todavía está pendiente. Si la Casa Blanca no hace tonterías y evita la tentación de un ataque armado, aumenta la probabilidad de una implosión. No hay que olvidar que la escasez va en aumento y que el descontento también. Ni siquiera un dictador es capaz de sobrevivir a eso.
Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto
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