Basta, pero de a poquito

Los pacientes de otras enfermedades se están muriendo sin médicos y sin hospitales; no los reciben por decreto.

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La estrategia colombiana contra el covid-19 ha sido un éxito. Pocos fallecimientos, y esos con dudas en los diagnósticos por la presión de matarlos por el virus aunque hayan muerto de otra cosa.
En plata blanca: un muy modesto 0.057 por 100,000 habitantes. El dengue es mas peligroso. Además, el covid-19 está ausente en aproximadamente 800 municipios, muchos de ellos de clima ardiente, abundantes en rayos ultravioletas (sol), calor y humedad que eliminan el virus. A esos compatriotas los están ya dejando salir de su madriguera, graneados, excepto a lo mas viejitos.
Se recibe con incredulidad la cifra de 6,500 infectados (confirmados). Eso no indica sino la insuficiente densidad de las pruebas que se han llevado a cabo y que aumentan con demasiada parsimonia.
Los infectados pasivos son muchísimos más. La transgresión de los decretos es grande en las ciudades, aunque hay que aplaudir a Tunja, capital con 180,000 habitantes y cero fallecidos. No hay sino que observar el mercado de Bazurto en Cartagena y el desorden en los barrios de Bogotá. Quizá Colombia se aproxima a la inmunidad del rebaño, o sea, cuando hay tanta gente inmune por haber contraído, muchos sin darse cuenta, que el virus se queda sin espacio para prosperar.
La inmunidad del rebaño ofrece un interesante corolario. Se emplea el símil de provocar un alud de nieve controlado, para prevenir otro mayor. Se puede inocular con el virus de Wuhan a miles de jóvenes voluntarios (20-40 años) sanos e incentivados para que infecten a la población general, protegiendo,, naturalmente, a los mas vulnerables. Sería como una vacuna inducida ya, puesto que la sintética se va a demorar.
Los modelos indican que se terminaría con menos muertos que en el nada igualitario confinamiento. Don Sancho Jimeno había sufrido la peste en la Cartagena que el defendió en 1697, viruela en particular. Para superarla no se contaba sino con la inmunidad del rebaño, aunque no se supiera.
Las objeciones a inducir la inmunidad del rebaño son muchas. La primera muy efectista es el falso dilema de vida contra economía. La segunda, la eventual sobrecarga del sistema de salud nacional, que ahora está mejor preparado que cuando se inició la pandemia, pero que permanece mas bien vacío. Nótese que los pacientes de otras enfermedades se están muriendo sin médicos y sin hospitales; no los reciben por decreto.
Equivocación. Para muchos, la demora significa muerte, o por lo menos, deterioro y mayores costos de atención después. A las clínicas de Colombia habría que subsidiarlas con un cargo de confiabilidad, por estar desocupadas y listas para el coronavirus y sin pacientes. Y la tercera, aparte de los problemas éticos inherentes a proponer que unos jóvenes arriesguen así sea mínimamente sus vidas, la biología del virus no ha confirmado que los ya infectados y recuperados no recaigan.
Sin atardarse en aventuras intrépidas, lo que sí es patente es la necesidad salirse de los cánones para dar con horizontes imaginativos e inventarse alternativas. Con la ventaja de un covid-19 mas tardío en el país, se puede aprovechar el ser un país tropical, aunque Bogotá obnubile. o examinar modelos exitosos, como el de Suecia, que ya está de salida. Tanto mas por cuanto la encerrona puede no ser mas que una pausa en la curva de infección. Es indispensable superar el pánico y atenerse a los hechos para que tanta el confinamiento no sea la ruina.
Rodolfo Segovia

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