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Davos medirá hoy el poder de la ofensiva global estadounidense
En una edición que está rompiendo récords de afluencia, los líderes mundiales ponen de relieve el buen momento económico y, también, los numerosos riesgos que amenazan la estabilidad internacional.
Puede ser que la causa es que el frío es mucho menor que el año pasado, cuando el termómetro llegó a marcar 24 grados centígrados bajo cero, o que la nieve que cayó a comienzos de la semana fue limpiada en algunas aceras. Pero lo cierto es que la afluencia de personas por la calle en Davos es mucho mayor en esta oportunidad de lo que recuerdan los asistentes habituales al Foro Económico Mundial, especialmente cuando cae la tarde.
El número de eventos organizados por gobiernos y las compañías más conocidas, no parece tener precedente, como contó un banquero estadounidense que habló de cinco compromisos en una noche, después de atender una cena.
Otros, en cambio, consideran que lo que existe es reflejo de una economía mundial que va bien y se traduce en presupuestos más elevados a la hora de atender a los poderosos. Dicha impresión tiene fundamento: según el Fondo Monetario Internacional, tan solo seis de los 192 países a los que les toma el pulso no van a crecer este año, una proporción que no tiene paralelo en la historia.
Sea como sea, las preocupaciones siguen a la orden del día. Ese es el motivo por el cual el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Luis Alberto Moreno, habla de que hay angustia en torno a que los buenos tiempos van a durar poco (ver entrevista).
Para comenzar, están los que se preocupan por la marcha del comercio, cuyos flujos están amenazados por los síntomas de proteccionismo. Las medidas adoptadas el lunes por la Casa Blanca, cuando elevó de manera significativa los aranceles de lavadoras y paneles solares, pueden dar origen a retaliaciones, con consecuencias impredecibles. Por ahora el mensaje de Canadá y buena parte de Europa es que no piensan cambiar de curso, así Washington empiece a cerrar puertas.
De otro lado están los temores con respecto a la globalización, ahora que hay sectores que la critican y se han dejado sentir en las urnas. La necesidad de permitir el libre tránsito de productos contrasta con la percepción de que no todos están invitados a la fiesta. “Es verdad que la economía mundial no está empeorando las cosas, pero tampoco las está mejorando”, sentenció el Premio Nobel, Angus Deaton.
No menos importante es la impresión de que el recorte en las tarifas de impuesto que sacó adelante la administración Trump pueda llevar a una especie de competencia para rebajar tributos aquí y allá, justo cuando hay que atender a jubilados y grupos vulnerables. “Esta generosidad de ahora tendrá sus consecuencias”, señaló el también Nobel, Joseph Stiglitz.
Lo anterior sin hablar de las inquietudes que crean las criptomonedas o el cambio climático, para mencionar dos temas adicionales en la agenda. “Estamos entrando en un terreno desconocido, tanto en lo que tiene que ver con la política, como con la manera de hacer negocios o relacionarnos socialmente”, afirmó el sueco Lars Heikensten.
Y para completar, están las dudas que crea Estados Unidos, cuya ofensiva en Davos es notoria. Desde el secretario de Comercio, hasta el del Tesoro, pasando por la de Transporte o Seguridad Interna, todos han hablado en múltiples paneles, con el propósito de llenar el vacío de hace un año.
Lo anterior junto a la expectativa que causa el discurso que Donald Trump pronunciará hoy ante la plenaria. Criticado o alabado, la presencia del inquilino de la Casa Blanca en el Foro Económico Mundial resultó equivalente a la de una gran estrella, pues decenas de delegados esperaron ayer pacientemente para verlo pasar por los corredores del Centro de Congreso. Falta ver si tanta expectativa estaba justificada, y si el optimismo continúa tras escucharlo.