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La actividad minero energética que se desarrolló en el país durante el 2018 tuvo dos caras. Mientras los niveles de producción presentaron un nivel sostenido de crecimiento (como lo registraron los volúmenes de extracción en la operación petrolera y carbonífera), en las tareas de exploración la materia sigue sin ser aprobada.
El alza en la cotización del barril de crudo, referencia Brent, ayudó a elevar las tareas de bombeo y por ende las reservas petroleras del país, así como el aumento de las exportaciones y el crecimiento de la renta petrolera.
Además del comportamiento positivo en la producción de carbón, otros minerales como el oro, las esmeraldas y el níquel también registraron un buen comportamiento gracias a los precios internacionales de los commodities.
En el caso de la operación aurífera, sin bien los volúmenes de extracción elevaron levemente el nivel de producción, las ganancias para el país vinieron por comercializar un metal que iba etiquetado a los mercados del mundo ‘bajo producción legal registrada’, es decir, oro legal.
Pero ante el rezago en las actividades de exploración para minas y petróleo, la gran pregunta de los gremios de estas industrias es, ¿qué pasará en el futuro?
Por último,en el tema de energía eléctrica, el año cerró con la reprogramación de dos subastas, una de las cuales busca abrirle el espacio en Colombia a las energía renovables no convencionales, como las granjas solares y los parques eólicos, de tal modo que hagan parte de la matriz.