En este portal utilizamos datos de navegación / cookies propias y de terceros para gestionar el portal, elaborar información estadística, optimizar la funcionalidad del sitio y mostrar publicidad relacionada con sus preferencias a través del análisis de la navegación. Si continúa navegando, usted estará aceptando esta utilización. Puede conocer cómo deshabilitarlas u obtener más información
aquí
El presidente Nicolás Maduro logró superar las violentas manifestaciones callejeras, el discurso estadounidense sobre la fuerza militar y varias rondas de sanciones. Su nueva asamblea constituyente está eludiendo al congreso y se espera que comience a redactar una nueva constitución esta semana.
El mandatario ha estado buscando nuevos salvavidas financieros en Rusia en tanto ha reducido las importaciones, cancelado deudas y vendido o hipotecado activos con un fuerte descuento.
Al 31 de julio, el gobierno había acumulado 2.800 millones de dólares para sus pagos de noviembre, según la firma consultora con sede en Caracas Ecoanalitica.
No honrar las deudas podría profundizar las restricciones económicas del país y los acreedores podrían comprar activos de Venezuela en el exterior -de todo, desde refinerías hasta buques petroleros y estaciones de servicio- debilitando aún más su capacidad exportadora.
No obstante, su director Asdrubal Oliveros, se mostró escéptico respecto de que, más allá de este año, el gobierno pueda cumplir si continúa alienando a los inversores y a los líderes regionales. "El gobierno sigue atrapado en la misma dinámica. Está sosteniendo un sistema insostenible", aseguró.
SANCIONES POR LA DEUDA
La semana pasada, el gobierno Trump prohibió la negociación de deuda nueva emitida por el gobierno venezolano y la compañía PDVSA, y bloqueó las operaciones en algunos bonos existentes que son propiedad del sector público del país.
La prohibición está destinada a evitar que las entidades públicas venezolanas puedan vender bonos en el mercado secundario.
Dado que Venezuela se encuentra económicamente aislada, la inflación se ha disparado y el país se ha visto arruinado por la escasez de todo, desde repuestos para autos hasta medicamentos básicos.
La mortalidad infantil y enfermedades como la malaria han aumentado, en tanto servicios deficientes y planes alimentarios poco confiables han impulsado una agitación violenta entre quienes fueron en su momento leales a Maduro y a su mentor, el difunto Hugo Chávez.
Maduro no ha dicho como mejorará los problemas de Venezuela. Desde que asumió el mando después de la muerte de Chávez en 2013, Maduro, de 54 años, insiste en que los males del país no son consecuencia de una mala política, sino más bien de una ofensiva librada por los enemigos de su gobierno de izquierda.
Se ha negado a relajar los controles económicos implementados por su predecesor pese a que el precio del petróleo, la savia de Venezuela, se desplomó.