En este portal utilizamos datos de navegación / cookies propias y de terceros para gestionar el portal, elaborar información estadística, optimizar la funcionalidad del sitio y mostrar publicidad relacionada con sus preferencias a través del análisis de la navegación. Si continúa navegando, usted estará aceptando esta utilización. Puede conocer cómo deshabilitarlas u obtener más información
aquí
Latinoamérica enfrenta una perspectiva económica desfavorable, con una previsión de crecimiento para este año de 0,6%, según el FMI. Sin embargo, el empresario y dirigente ecuatoriano, Guillermo Lasso, quien se disputó la presidencia contra Lenín Moreno y es el favorito para hacerse con el poder en las elecciones de 2021, afirma que el verdadero problema es Venezuela, una crisis en la que la región debe tomar la iniciativa y dejar de ir a ‘rebufo’ de EE. UU.
A pesar de estar en la oposición, ¿cómo ve la marcha de Ecuador?
Yo soy un demócrata y opositor del Gobierno, pero soy promotor del Ecuador, el cual tiene grandes oportunidades para la inversión en petróleo, minería, turismo, industria o el comercio, entre otras.
La sombra de la recesión planea sobre Ecuador, ¿por qué esa situación?
Ecuador no está bien por una mala administración. Se prevé un crecimiento de -0,5% para este año y en los últimos dos tenemos un gobierno que ofreció 250.000 empleos cada uno y lo que ha logrado es la destrucción de 150.000. ¿Por qué? Porque no se han acometido las reformas que se requieren: bajar el gasto público del 40% actual al 22% anterior, o aprovechar los muchos activos del Estado, que están mal manejados y no dan rentabilidad.
Pero también ve un lado positivo en la gestión...
De forma positiva, el Gobierno ha dado un giro de 180 grados en política exterior: se alejó del socialismo, se retira de Unasur, pide el ingreso a la Alianza del Pacífico, deja de apoyar a Nicolás Maduro y recuperó la embajada en Londres, desalojando a ese huésped incómodo (Julian Assange).
Debo reconocer que ese giro ha generado confianza e impulsó la ayuda del FMI, que nos abren puertas en los mercados financieros. Pero el Gobierno no está manejando bien la economía y no tiene un programa para salir de la crisis actual.
¿El problema sigue siendo el ‘correísmo’?
Ecuador, para potenciar todos sus activos y recursos, tiene que apelar a la unidad y abandonar el discurso de la satanización entre buenos y malos.
Usted es favorito para ganar en 2021, ¿cuáles son sus mayores propuestas?
Mi agenda es empleo, emprendimiento e innovación. Los ecuatorianos están preocupados y aspiran a un cambio, basado en votar por alguien que ofrezca un millón de empleos, menos Estado y más empresa, menos impuestos y más libertad, menos trámites y más información.
¿Qué tan necesaria es la adhesión a la Alianza del Pacífico para Ecuador?
Yo promuevo un Ecuador más abierto, pues creo que la gran oportunidad que tenemos para desarrollarnos y lograr prosperidad está en el mundo. Por eso siempre propuse el ingreso a la Alianza del Pacífico, la suscripción de la mayor cantidad de TLC y la apertura de la economía.
Necesitamos también ese acuerdo comercial con Estados Unidos y con China; hay que legitimar las relaciones, desideologizarlas y entrar en un pragmatismo que dé oportunidades.
¿Qué le está pasando a la economía de la región?
Esa pregunta es, en realidad, qué le pasa a Venezuela, que es el que tumba el promedio de la región. Esto es una señal para decirle a América Latina que el socialismo del siglo XXI, el populismo, no es el camino que lleva a la prosperidad, sino al fracaso. Al recuperar a este país, cambiarán los números completamente.
Yo soy optimista con Latinoamérica, y creo que Chile es un modelo a replicar, en el cual, a pesar de que ha gobernado la izquierda y la derecha, ha sabido conservar los valores de la economía y su institucionalidad.
¿Qué más se puede hacer con Venezuela?
Perseverar. El proceso no es fácil, pero no podemos pensar que Juan Guaidó ha fracasado, en absoluto. Es un luchador y debemos apoyarlo todos los demócratas del mundo. Tengamos paciencia.
¿Cree en el nuevo diálogo?
Si traemos a colación las palabras del expresidente español Felipe González, no se puede dialogar con gente que mete a gente a la cárcel por pensar distinto, y no se puede negociar con carne humana. El mundo libre no puede dormir tranquilo mientras exista el caso de Venezuela. Es un modelo que ha fracasado y destinado a desaparecer.
¿Le recomendaría la dolarización a Venezuela?
El menor problema en la transición es la economía, porque cuando se está en una situación tan extrema, cualquier buena decisión generará un camino muy positivo. Una vía puede ser dolarizar, pero también podría ser exitoso con su propia moneda, con un compromiso de reglas. Pero el mundo debe comprometerse con la ayuda.
¿Cuál es su posición frente a lograr una integración total en Latinoamérica?
El camino es la Alianza del Pacífico, pues no es pomposa y ha logrado en poco tiempo impulsar el comercio y la inversión en sus países. Esos dos son los objetivos, pues son los que generan oportunidades a los pueblos, no construir edificios y estatuas como Unasur. Yo favorezco un Ecuador abierto, pero necesitamos alianzas, solos no podemos, y la Alianza del Pacífico es un camino. Lo que también creo es que América Latina tiene que madurar, lograr la mayoría de edad y dejar de ir detrás de EE. UU. para ver qué hace. En temas como Venezuela, debemos actuar con fuerza, y si EE. UU. o la UE quieren ayudar, ellos tienen que ir detrás.
¿Cómo se ve Colombia desde Ecuador?
Muy bien. Creo que su sector privado es fuerte y pujante, que tiene conexiones con el mundo y bancos internacionales. También unas instituciones mucho más fuertes que las nuestras y líderes políticos importantes. Tuve un encuentro aquí, y hay quien piensa que el populismo le gana la batalla a la democracia, pero no es así, la están perdiendo por la corrupción.
¿Cómo dar un paso más en la relación entre ambos?
Si gano el favor de los ecuatorianos, lo que haré es convocar al presidente de Colombia para que nos sentemos con los empresarios de ambos países, nos cuenten la historia de nuestra relación y derribemos todas esas barreras, para convertir a Ecuador en un país competitivo y no ver a Colombia como un adversario, sino como un gran aliado para nuestra apertura.