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Un trimestre con matices

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El comportamiento de la economía en el primer trimestre del año dejó a algunos observadores con el ceño fruncido. Aunque un crecimiento de 2,5 por ciento anual es bueno en el contexto latinoamericano, es el peor dato desde el 2009 y estuvo ligeramente por debajo de lo que esperaba el grueso de los expertos.
Para entender el significado de la cifra, conviene precisar que la comparación con el 2015 debe hacerse con pinzas. La razón radica en que la reciente Semana Santa cayó en marzo, mientras que el año pasado sucedió el mes siguiente, lo que significa que en el arranque del 2016 hubo menos días productivos. La muestra elocuente de la alteración estadística que producen las vacaciones es que el desempleo de abril fue sorprendentemente bueno. Por eso, conviene mirar con cuidado ambos datos: así como no hay que hacer fiesta por la baja en la desocupación, tampoco hay que echarse a llorar por el menor ritmo de crecimiento.
Más allá del dato agregado, el análisis de lo sucedido revela cosas interesantes. Lo más destacable es que la industria ha pasado a liderar el crecimiento del país, tras registrar en el primer trimestre un dinamismo que más que duplica el de la economía: 5,3 por ciento anual. Claro que hay que tener en cuenta que el buen desempeño manufacturero de este año está influenciado por la operación de la Refinería de Cartagena, pero eso no obsta para señalar que otros sectores mostraron un dinamismo destacable, como es el caso de las bebidas y las maderas.
Además de las manufacturas, sobresalió el comportamiento de la construcción, que tuvo el segundo mejor desempeño, con un alza de 5,2 por ciento. En este caso hay que señalar que detrás de esa cifra agregada hay dos comportamientos totalmente distintos. Mientras el dinamismo de las edificaciones fue cuatro veces mayor que el de la economía, la ejecución de obras civiles estuvo cerca del estancamiento con un crecimiento de apenas 0,4 por ciento anual.
Algunos expertos sugieren que este tropiezo tiene que ver con la complejidad del arranque de las concesiones de Cuarta Generación y con la convalecencia que tuvo al comienzo del año el Vicepresidente de la República, líder indiscutido del sector. Sea como sea, lo cierto es que el ritmo de las obras públicas debería subir sustancialmente a medida que siga avanzando el 2016.
Lo observado también confirma algo que se venía detectando en mediciones anteriores: aunque el país ya se acostumbró a una nueva realidad cambiaria, con un dólar mucho más caro que el que hubo durante más de una década, su impacto se siente más en las ventas en el mercado doméstico que en el internacional. En los primeros tres meses del año, se aceleró la evolución de los sectores transables de la economía, aquellos cuya competitividad relativa depende de la tasa de cambio, mientras que el dinamismo de los sectores no transables se desaceleró. Buena parte de esa mejora tiene que ver con la reconquista del mercado nacional, que durante años estuvo a merced de las importaciones, mientras que las ventas al exterior aún no despegan por una simple razón: Colombia no ha logrado construir una oferta exportable variada y competitiva.
Con todo, lo sucedido en el primer trimestre deja dos cosas claras. La primera es que la actual desaceleración debería significar el fin de los aumentos de las tasas de interés por parte del Banco de la República. El crecimiento estuvo en línea con lo que había proyectado el Emisor, lo que fortalece la hipótesis según la cual los aumentos de su tasa de intervención podrían estar llegando a su fin. La segunda conclusión produce más inquietud: aunque los datos reflejan un aterrizaje gradual y bien administrado, el desempeño futuro de la economía dependerá de lo que suceda con la reforma tributaria y el proceso de paz, dos retos que pondrán a prueba las verdaderas capacidades de las autoridades.
Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto
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