Ayer el presidente, Iván Duque, anunció en su programa diario de televisión tanto la extensión de la cuarentena por dos semanas como los nuevos lineamientos para las actividades que podrían reactivarse.
Esta tercera etapa del aislamiento obligatorio preventivo sigue la premisa de la cuarentena 2.0: una mayor flexibilidad para algunos sectores productivos bajo el cumplimiento de los protocolos sanitarios.
De acuerdo a la declaración del primer mandatario, nuevas actividades económicas del sector comercio se sumarían a la construcción y la manufactura en la reapertura. Lavanderías, ventas de muebles, papelerías, librerías y puntos de venta al por mayor empezarían a reiniciar operaciones.
Como lo informó este diario, el Gobierno permitirá la reactivación del comercio los más de 860 municipios que hoy no registran ningún caso oficial de coronavirus. Los alcaldes pedirán permiso a los Ministerios de Salud y de Interior bajo el cumplimiento de unos requisitos.
Estos anuncios llegan dos meses después de la detección del primer caso oficial de la covid -19 en Colombia. El número total de contagiados en estos 60 días ya asciende a 8.613 personas, los fallecidos a 378 y los recuperados a 2.013.
Tras un mes de una cuarentena que obedecieron una buena parte de los colombianos, la vulnerabilidad de la economía, así como de empleos y empresas, comenzó a hacer estragos en los hogares, los indicadores macroeconómicos y el sector privado.
La decisión del presidente Duque, criticada por muchos sectores, ha sido el tránsito hacia una flexibilización del confinamiento que mitigue lo que seria, de acuerdo a las proyecciones expertas, la contracción más severa de la economía colombiana en décadas.
Asimismo, solo en marzo, se perdieron 1,5 millones de trabajos y la tasa de desempleo sufrió la mayor alza en una década. En otras palabras, lo que quedó claro de la cuarentena en marzo y abril es que el aparato productivo -empresas, hogares y Estado- no aguanta mucho más tiempo bajo restricción.
Si bien la cuarentena no es vacuna, tener que salir a producir tampoco brinda inmunidad al coronavirus. Es decir, la reapertura de varios sectores elevará el riesgo de contagio tanto en los sitios de trabajo como en el transporte público.
Este no es un reto menor. Al momento de escribir estas líneas, Barranquilla, la cuarta ciudad más poblada del país, tiene cerrado su sistema de transporte masivo por no haber podido mantener los niveles máximos de ocupación.
Las decisiones de reactivación económica del Gobierno tampoco se traducen automáticamente en un rebote productivo. El reintegro de actividades de la construcción y de los ocho subsectores de la industria manufacturera va más lento de lo que se esperaba.
Permitir el comercio y otras actividades en los municipios sin covid-19 requerirá de la mayor responsabilidad política y ciudadana. La mayoría de los territorios no cuentan con los recursos sanitarios adecuados, así que deberán reportar cualquier caso con la mayor celeridad.
Los habitantes de estos municipios libres de contagio tienen la responsabilidad cívica de mantener sus localidades así mediante el estricto cumplimiento de los protocolos sanitarios y evitando aglomeraciones.
Si una frase puede resumir el desafío colectivo de Colombia en la tercera fase de la cuarentena, es la de apertura con responsabilidad. Una mayor flexibilidad económica de los sectores y en los municipios libres de la pandemia solo será sostenible si es acompañada por el autocuidado ciudadano.
La responsabilidad gubernamental en el manejo epidemiológico se debe combinar con la responsabilidad de cada individuo.