Los funcionarios pueden ser tozudos, pero la realidad lo es más. Por ese motivo, ayer el Gobierno tuvo que aceptar que la meta inicial que había fijado para el crecimiento de la economía colombiana en el 2013 no será cumplida por segundo año consecutivo.
Así, en lugar de un aumento del 4,8 por ciento en el Producto Interno Bruto, el Ejecutivo le apuesta ahora a un 4,5 por ciento, una cifra que todavía supera el promedio en lo que va del siglo.
Al respecto podría decirse que Colombia no es la excepción en esta materia.
Sin ir muy lejos, basta recordar que hace un par de días el Banco Mundial rebajó sus pronósticos para el planeta y las principales regiones, incluyendo a América Latina.
El motivo es el mismo de los últimos tiempos y tiene que ver con la recesión en Europa, la ralentización de China y la todavía mediocre recuperación de Estados Unidos, así las cosas hayan mejorado frente a lo que se pensaba hace unos meses.
Quizás el elemento más novedoso en la ecuación, es la moderación en los precios de las materias primas ante el frenazo que experimenta la locomotora asiática.
Tanto el estancamiento de las cotizaciones como el pobre desempeño de la demanda por productos básicos han golpeado a las naciones que venden petróleo, carbón, cobre o soya, lo cual se siente con particular fortaleza en Suramérica. Por cuenta de esa situación, el entusiasmo en torno a la región es notoriamente menor, lo cual se ha sentido en los márgenes de riesgo de los bonos públicos y en los mercados de valores.
Dentro de ese contexto, suena apenas lógico que las previsiones sobre el PIB colombiano se reduzcan. De hecho, la inmensa mayoría de los analistas se muestra mucho más cauto que el Ministerio de Hacienda, con proyecciones que oscilan entre 3,8 y 4,3 por ciento.
Una de las razones principales tiene que ver con el mal arranque de la economía en el presente año. Aunque el dato definitivo sobre el primer trimestre será dado a conocer por el Dane en unos días, los cálculos se encuentran en cercanías del 3 por ciento.
Y es que con excepción de la construcción y, en alguna medida, la agricultura, las demás actividades enfrentaron tropiezos, como ocurrió con la industria y la minería, afectada por una larga huelga en el Cerrejón y la suspensión temporal de actividades en el puerto de Drummond.
Hacia adelante las cosas pintan un poco mejor. Las señales más recientes hacen pensar que lo peor del bache ya pasó, como lo indican las encuestas entre los consumidores o el incremento en la extracción de petróleo. Bajo esa perspectiva, los observadores concuerdan en que debería verse una ligera aceleración en lo que queda del 2013.
Hasta dónde llegará la aguja del velocímetro es algo que sigue siendo objeto de discusión. Para el Gobierno, el efecto de las medidas que adoptó a mediados de abril cuando dio a conocer los elementos del Plan de Impulso a la Productividad y el Empleo (Pipe), empieza a sentirse.
En particular, el equipo económico destaca lo sucedido con la tasa de cambio que ha venido bordeando los 1.900 pesos por dólar, aliviando, en parte, las angustias de exportadores y empresarios que deben competir con los bienes importados.
Esa realidad, sumada a los planes en materia de infraestructura y edificación de vivienda, podría generar un círculo virtuoso.
No obstante, más de un economista insiste en que el viento en contra sigue soplando. No solo la coyuntura internacional es compleja, sino que la situación de nuestros vecinos dista de ser la mejor. El tema de Venezuela, así ya no sea el segundo socio comercial de Colombia, es particularmente inquietante, pero no es el único. Debido a ello, el Gobierno tendrá que multiplicar sus esfuerzos para que la nueva meta establecida ayer sí se cumpla, porque conseguir que el peso se devalúe es apenas la primera asignatura en una larga lista de tareas pendientes.
Ricardo Ávila Pinto